miércoles, 18 de mayo de 2016

Sobreviviente de "La Cacha"

Testimonio de María Laura Bretal Sobreviviente de "La Cacha"


"El día miércoles 5 de mayo de 1978 a las 22.30 hs llego a mi domicilio de la ciudad de Ensenada ( a 150 metros de la Comisaría Seccional Ensenada de la Policía de la Provincia de Buenos Aires) con mi hija Juliana de 3 años de edad. A la media hora rodean el lugar de tres a cuatro automóviles presuntamente civiles, e irrumpe en mi domicilio un grupo de diez individuos fuertemente armados, disfrazados con pelucas, máscaras y medias de mujer en la cabeza. Dicen pertenecer a la Policía Federal Argentina y Fuerzas Armadas Argentinas, ingresan por la fuerza a mi casa, requisan las habitaciones, saquean y roban objetos y me secuestran conjuntamente con mi hija. A pesar de manifestarles mi estado de gravidez de cuatro meses, soy igualmente maltratada e introducida brutalmente en el asiento posterior de uno de los autos, entre dos inidividuos armados que me encapuchan y encañonándome con sus armas. Mi hija es ubicada en el asiento delantero en brazos de uno de estos siniestros personajes. A los cinco minutos de marcha, a través del relato infantil de la descripción de la ruta que mi hija hacía, me percato de estar en la calle 126 y 43 (próximo a la ciudad de La Plata) en donde me hacen despedir de mi hija que es introducida en otro de los vehículos. Ante mi desesperación por su destino sólo recibo más golpes, insultos y humillantes amenazas.
Meses después cuando me liberan, me entero lo sucedido con mi hija Juliana: los secuestradores retornaron con ella a mi domicilio, la durmieron con algún somnífero o de un golpe, ya que apareció con una herida en el labio, robaron a su paso lo que pudieron, cerraron la casa arrojando la llave en la vereda y avisaron a las tres de la madrugada a mi abuela de 80 años que la niña estaba sola y abandonada en la casa. Al día siguiente mi hijita Juliana con su labio lastimado contó que " unos señores malos se llevaron a mi mamá".
Mi secuestro y viaje en auto continúa una media hora más, pasamos un puesto de control y llegamos al Campo Clandestino de Detención, que después me entero era "La Cacha" o "Cachavacha, llamado así por un personaje de cuentos infantiles, la Bruja Cachavacha, que hacía desaparecer personas.
Soy encerrada en una habitación a la llamaban "laboratorio" que era la sala de torturas, en la que hay una cama con bastidor elástico de metal ("la Parrilla"), una mesa, una silla, un balde para las necesidades, un tablero , una mesa para la "picana eléctrica", ganchos y sogas para colgar personas en las paredes, sangre en las paredes y otros elementos de tortura que no identifico.
Durante una semana permanezco en esa habitación macabra, sin ningún contacto con el mundo, sólo escucho ladridos de perro, el paso de uno o dos ferrocarriles por día y los pasos de los torturadores. Se suceden largas sesiones de golpiza e interrogatorios sobre mis actividades docentes, políticas y sindicales. Participan siempre dos torturadores: el "bueno" y el "malo". Mi estado comenzó a deteriorarse apareciendo vómitos, hemorragias y desvanecimientos, obviamente para ellos mi embarazo no cambiaba su proceder.
Recién el miércoles 13 de Mayo de 1978 me trasladan al edificio principal de "La Cacha", donde me encuentro con otros secuestrados desaparecidos en las mismas condiciones mías, algunos permanecían en cautiverio desde octubre de 1977. También había dos mujeres embarazadas de siete meses ubicadas en la planta baja.
Me alojan en una cueva del piso alto sobre un bastidor con colchoneta y frazada, encapuchada y encadenada durante 107 días hasta mi liberación.
Las condiciones sufridas por todos durante el cautiverio eran vergonzantes, indignas e inhumanas. Permanecíamos encadenasos acostados en el piso o en catres durante todo el dia, desnudos o semidesnudos, encapuchados, sin hablar, sin ver, a merced de los guardias que aburridos se entretenían verdugueando o abusando de alguno de nosotros. Sólo nos levantaban dos veces al día para hace nuestras necesidades. Durante las noches permanecía la luz encendida. El baño semanal era a puertas abiertas y con agua fría, cosa que permitía a los guardias abusar de las mujeres. Algunas noches eramos llevados afuera a interrogatorios y simulacros de fusilamientos. A raíz de los frecuentes "traslados" de detenidos de un campo de concentración a otro, nos enterábamos por aquellos que sobrevivían, de las golpizas de que eran objeto y que en rigor de verdad la mayoría de los "traslados" significaban la muerte por distintos tipos de métodos (fusilamientos, masacres, falsos enfrentamientos, vuelos en donde se los arrojaba al mar, etc).
La tortura psíquica era constante, y la física la realizaban por medio de golpes, picana eléctrica, extracción de uñas y dientes, "submarino" (inmersión de la cabeza en un balde de agua) quemadura, suspensión en ganchos de las paredes, violaciones y vejámenes de todo tipo.
La alimentación era mate cocido y pan de mañana y tarde, guiso de porotos,polenta o sopa como almuerzo  y ocasional cena. Durante todo mi secuestro sólo recibí, a pesar de mi embarazo, dos o tres frutas y algún trozo de carne hervida. Durante mi permanencia en cautiverio, tomo conocimiento, por deslices de un guardia del Servicio Penitenciario de la Provincia de Buenos Aires que se hallaba en estado de ebriedad, que el Campo Clandestino de Detención "La Cacha" era la antigua planta transmisora de LS-11 Radio Provincia de Buenos Aires, ubicada a doscientos metros de la cárcel de mujeres de la localidad vecina de Lisandro Olmos.
La comida nos llegaba en ollas del Servicio Penitenciario de la cárcel mencionada, algunos utensilios tenían sello y monograma del Regimiento 7º de Infantería del Ejército Argentino (con asiento en la ciudad de La Plata). Los medicamentos utilizados provenían de la Armada como por ejemplo la "Aspirinaval". 
En el período de mayo a agosto, el promedio de secuestrados era de 40 entre el sótano y el piso alto. El período de mayor movimiento de entradas y salidas fue durante el Campeonato Mundial de Fútbol 1978. A partir de julio y agosto se sucedieron bastantes "traslados" hacia otros centros o hacia el denominado "destino final". Los mismos guardias comentaban que se estaba desmantelando "La Cacha". El diá 22 de agosto de 1978 recupero mi libertad. Soy trasladada encapuchada a "La Casita" (pequeño chalet contiguo) donde me dan ropa nueva, comprada para mis ya ocho meses de embarazo. Durante dos horas permaneció mi interrogador, torturador y responsable "Daniel" arengando y dando órdenes sobre mi futuro proceder en libertad (que de hecho constituyó una "libertad vigilada" por varios años). Entre las recomendaciones recibidas, debía , bajo amenaza de muerte, no residir a menos de 60 kilómetros de la ciudad de La Plata, durante un período inferior a diez años, no salir del país, no trabajar en la docencia ni en la profesión, no efectuar declaraciones ni denuncia sobre lo vivido y conocido durante mi sescuestro, no contactarme con persona alguna, salvo los familiares directos. También me obligó con un arma en la cabeza a escribir y firmar una "confesión" de mis supuestos delitos como "subversiva". Luego me introdujeron encapuchada en un automóvil y me liberan a 100m de la Estación Terminal de Omnibus de la Ciudad de La Plata con la indicación de no voltear la vista hacia el vehículo del que descendía. Durante largo tiempo continúan siguiendo mis movimientos y cambios de domicilio, controlándome por teléfono y amenazándome a mí y a toda mi familia, a lo que debía responder en clave por medio de avisos clasificados en un periódico de difusión nacional."

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