miércoles, 31 de agosto de 2016

La Crisis y la Música

En 1988 la crisis económica se agrava en la Argentina. Estaba en vigencia el "Plan Austral" que intentaba lograr una estabilización monetaria, pero en agosto de este año se decidió cambiar a otro, el "Primavera" ya que el anterior no daba resultado. 

A continuación, una canción del famoso Cacho Castaña que describe el panorama que se vivía por aquellos años: Septiembre de 1988.



Juicio a las Juntas Militares


Asunción del presidente Alfonsín


Entrevista al ex presidente Raúl Alfonsín.

Raúl Alfonsín no era muy afecto a las entrevistas pero, una vez puesto en situación, resultaba un entrevistado notable. Tenía fuego, ansias de persuadir, no carecía de dotes de seducción ni de sentido del humor. Esta entrevista se realizó en su departamento de la avenida Santa Fe, en el año 2006. La fecha explica algunas referencias (por ejemplo las que se hacen sobre la reelección de Lula, la presidencia de Néstor Kirchner o la campaña electoral de 2007, que recién despuntaba.) También determinó supresiones sobre temas muy coyunturales. Lo demás fue un largo repaso del ex presidente sobre su trayectoria y la política tanto argentina como regional.
–Lo primero es agradecerle la entrevista al presidente Raúl Alfonsín. Los argentinos no decimos “presidente” a los ex presidentes y habría que hacerlo, porque tiene un sentido.
–No se usa, en fin... Tiene un sentido, sí, de reconocimiento que no siempre merecemos. De todos modos, yo soy el agradecido.
–Ser presidente en Argentina es una tarea difícil. Quedan golpeados, hay circunstancias tan duras... Y uno dice: el doctor Alfonsín, es seguramente el que está más cerca de un respeto más extendido. Y a la vez se pregunta: ¿Y por qué Raúl Alfonsín no deja entonces de participar en batallas cotidianas, en elecciones, en internas que siempre dificultan el lugar del estadista, del hombre de referencia..?
–¿Sabe lo que pasa? Me he retirado de la política en tanto y en cuanto dejo de aspirar a candidaturas electorales o dentro del partido. Pero no puedo retirarme de las consultas que me hacen los correligionarios, de ir a los actos a los que me invitan. Yo no pretendo meterme en internas. Estoy por encima de eso, realmente, pero en los problemas graves, los problemas serios, dejo oír mi pensamiento. Y, bueno, alguna gente me escucha.
–¿Pero a veces no piensa, o nadie le dice “doctor si usted no estuviera en este momento bregando” en un armado político (que lo tiene como referencia, que escucha su voz) tal vez usted podría ser una figura más de consulta, por encima de la disputa cotidiana?
–Pienso que no, fíjese, hubo un tiempo en que yo procuré, con relación al Gobierno, por ejemplo, hablar mucho de las medidas buenas que tomaba. Era una época más tranquila, para todos, todavía el Gobierno no había actuado para debilitar al radicalismo. Yo supuse que producidas las elecciones (de 2005), cuando tiene el 38 por ciento de los votos, se iba a superar el complejo del 23 por ciento y que iba a comenzar un diálogo fructífero. Fue todo lo contrario, absolutamente, de modo que me obligó a actuar, prácticamente, en defensa de la Unión Cívica Radical y en definitiva de una oposición que pudiera generarse y lograr equilibrio político en el país, ¿verdad? A mí me gustaría también estar más tranquilo, estoy muy ajetreado.
–¿Seguro que le gustaría?
–Me gustaría estar más tranquilo, hablar cuando yo quiero sobre lo que a mí me interesa. Pero tengo que estar metido necesariamente en la coyuntura. Esto no me quita el respeto de la gente, que es lo que yo creo observar, en general, sin perjuicio de que hay algunos grupos que no me lo tienen. Eso no significa que me quieran, pero me respetan... Ni que piensen que he sido un buen gobernante, aunque yo me creo que sí (risas). De todos modos es el tránsito que vamos realizando, como no tengo ninguna aspiración, lo hago con una enorme tranquilidad de conciencia. Me parece que es mi obligación, en defensa de principios, de ideales y en defensa de mi partido, desde luego.
–Usted conmovió a todos y todos recuerdan cuando usted decía que con la democracia se cura, se educa y se come. ¿Qué pasó que con la democracia no se come, no se cura y no se educa?
–Lo que pasó es que la crisis no me dejó llegar hasta donde yo quería llegar, esto es evidente. Pero dijimos “con la democracia se come” y pusimos en marcha el Plan Alimentario Nacional, que daba alimento complementario a cinco millones de argentinos en épocas en las que no teníamos alta desocupación y asimismo era necesario. “Con la democracia se educa”, y fue el gobierno que más profesores designó, normalizamos la universidad de la reforma, llevamos adelante el plan de alfabetización, que fue premiado por las Naciones Unidas, establecimos el plan ABC, que daba millones de útiles escolares a los niños y comedores escolares, que se está discutiendo mucho si es conveniente o no, pero yo creo que es un instrumento útil para combatir la deserción escolar. Y “con la democracia se cura”: quisimos poner en marcha el seguro de salud que era un instrumento nuevo, una institución nueva en el país que hubiera significado mucho pero quedó dormida en el Senado...
–Mi pregunta en realidad era más vasta que su gobierno..., veintitrés años vamos para cumplir de la institucionalidad democrática...
–Hay déficit de la democracia, no cabe ninguna duda. Mire, yo hago una distinción. Sabe que me pongo un poco en académico ahora, porque saco un libro sobre teoría del Estado. Analizo, entre otras cosas, el tema de la república y la democracia, para mí hay que distinguirlas. La república es la que nos preserva de un Estado arbitrario, para que no pueda meternos presos cuando quiera, o matarnos o torturarnos. ¿Sobre qué base? De la división de poderes, de elecciones periódicas, de controles y del diálogo entre las distintas fuerzas políticas; eso es la república que nos da estas libertades que son esenciales. Ahora, la democracia sobre la base de estas libertades negativas construye las libertades llamadas positivas otorgando esos derechos-crédito que tiene cualquier persona por el hecho de vivir en una sociedad contra esa sociedad para tener una vida digna. De modo que si utilizamos la palabra en un sentido estricto, evidentemente es muy difícil encontrar democracias en el mundo actual y estamos nosotros muy lejos de lograr concretar esta aspiración. Hay muchos déficit que tiene la democracia y déficit que tiene la república también.
–En esta relación entre república y democracia –usted lo sabrá, si está escribiendo, más– Luis Alberto Romero trabaja el punto y suele decir que en general en la Argentina los derechos democráticos, por lo menos la capacidad de reclamos, van más veloces o son más consistentes que el asentamiento de las formas republicanas. Y él comenta una cosa interesante –me lo hizo acordar usted– respecto de comienzos de la etapa democrática: ese mensaje que usted emitía de todo lo que podía hacer la democracia era, en algún sentido, no falso, pero era voluntarista. No lo descalifica éticamente, todo lo contrario. Dice que ese discurso voluntarista fue eficiente y funcional para conseguir un apoyo masivo a la democracia que de otra forma no se hubiera conseguido. ¿Qué opina?
–Fíjese, yo empecé a hablar de esto cuando se sostenía por algunos que la dictadura era mucho más eficaz y eficiente que la democracia, que demoraba mucho sus resoluciones a través del ejercicio propio de la república, esa era la intención. Y yo llego al poder no sobre esa base. Yo llego al poder porque hubo un acuerdo implícito, me parece, en la ciudadanía, que significaba que confiaba en nosotros para realizar la transición. Pero a medida que comencé a actuar en el campo social o en el campo económico ese acuerdo se resquebrajó.
–Usted es un hombre de Estado y obviamente no se le puede preguntar así una cosa de favoritismo pero si le digo, Michelle Bachelet, Lula, Hugo Chávez, Tabaré Vázquez, Evo Morales, ¿con cuál se siente más afín, lo ve como una figura de mayor proyección?
–Me pone usted en un aprieto.
–Me pagan para eso.
–(Ríe.) Quizá, Lula. Tiene mucha lucha por delante y tanto para hacer en ese país extraordinario. Va a imponerse en las elecciones, yo no tengo dudas de que se va a imponer, puede haber problemas, son problemas serios de carácter interno, hemos visto lo que ha sucedido en San Pablo nada menos con el narcotráfico, es un asunto sumamente grave. Pero creo que se puede enderezar Brasil, ir incorporando año tras año gente al mercado debe ser el objetivo básico y fundamental de la administración de ese país, sobre la base fundamental de progresar en materia de educación. Pero vamos a ver. El caso de Bolivia también es muy serio. Si yo hubiera sido presidente también nacionalizo el gas o hago alguna cosa para defender el único recurso no renovable que tiene para superar la miseria de Bolivia. Esperemos que tanto Brasil como la Argentina comprendan la situación y que supere los problema internos que ya se le están creando a Evo Morales, algunos dicen que con peligro de secesión.
–Con Uruguay tenemos el problema con las papeleras.
–Absolutamente, es una desgracia. Yo digo siempre que nosotros debemos considerarnos hermanos de todos los pueblos latinoamericanos, pero con los uruguayos somos mellizos.
–Repasemos, por favor, la evolución que se produjo en materia de derechos humanos, esto es, las leyes que usted dictó, el juicio a las juntas, la Conadep, su voz en la campaña electoral que fue formidable, las leyes de obediencia debida y punto final, la evolución posterior, los tribunales, los litigios, los organismos de derechos humanos buscando vueltas, jueces decretando y el estado en que está ahora. Usted como una figura determinante en ese proceso en muchos sentidos, ¿está conforme con cómo han salido las cosas, yendo y viniendo con todas las vicisitudes que se han producido?
–Yo creo que la diferencia de ahora con nuestra situación es abismal. Es mucho más fácil ahora cumplimentar los requerimientos vinculados a la represión de los derechos humanos cometida con anterioridad, de las violaciones a los derechos humanos cometidas con anterioridad. Yo, imagínese, hay algunos casos en que me alegro, por ejemplo el de Etchecolatz. Para mí, estuvo mal la Corte Suprema al dejarlo en libertad. La Cámara le había dado 21 años. Y la ley de Obediencia debida, con todos sus defectos, tenía una cláusula por la cual había una excepción para los que tenían responsabilidad decisoria principal y Etchecolatz tenía esta responsabilidad. La Plata creo que fue el peor lugar de la represión en la Argentina. Estaban ahí nada menos que Camps y Etchecolatz, fíjese usted qué yunta de nazistas.
–Si repasa el pasado, ¿es afecto a repensar lo que hizo y decir “en esta encrucijada debí tomar otro camino”, “ese día me equivoqué”?
–Yo siempre me analizo. Creo, fíjese, Mario, que en materia de derechos humanos hicimos todo lo que pudimos, estoy cada vez más convencido. Hicimos tanto como no se ha hecho en ningún país de la Tierra. Usted sabe que sobre todo en América latina las transiciones a la democracia se hacen a través de conversaciones con los hombres de la democracia y los hombres de la dictadura, y se pacta. El único ejemplo en que esto no se ha hecho es la Argentina. Si usted ve Brasil, allí se dictó... lo que se llamó la “mutua amnistía” y no hubo ninguna persecución a ningún militar de la época de la dictadura. En Uruguay se resolvió lo mismo, no iba a perseguirse y así pasó, y después hubo una ley de amnistía también que fue votada y hubo acerca de ella también un plebiscito. En Chile tuvieron que aceptar la Constitución del dictador y aceptar al dictador como jefe del ejército, jefe de las fuerzas armadas...
–Y senador...
–Y senador vitalicio. Yo no los critico de ninguna manera, pero comparado con lo que hicimos nosotros... y la ley de obediencia debida, desde luego que a mí me..., estuvo orientada en la línea de pensamiento que yo proponía precisamente en la campaña: los tres niveles: la responsabilidad principal sobre los que daban las órdenes, que ése era el objetivo básico, una segunda responsabilidad a los que se habían excedido en el cumplimiento de las órdenes, y por último los que habían recibido órdenes, sobre éstos no queríamos que cayera ninguna persecución judicial. Esto fue lo que deseamos, esto fue lo que queríamos, pero había una presunción iuris tantum, esta se transformó después en iuris et de iure.
–Por qué no les cuenta a quienes no son abogados como usted o como yo...
–Una presunción que puede ser revocada por prueba en contrario, esa es la iuris tantum. La otra, iuris et de iure, es aquella que es irrevocable, y esta fue irrevocable. Entonces quedó alguna gente como Astiz ahí. Imagínese el dolor que me ocasiona, pero tenía que salvar la democracia que estaba en peligro y actué como actué. Si hubiera actuado de manera distinta, a lo mejor tengo el día de mañana una estatua no ecuestre en muchas plazas, pero hubiéramos perdido la democracia. Hubiera sido una pena bárbara.
–La pregunta inclusive iba más allá de la cuestión de derechos humanos. Era más general, si alguna de las tantas cosas que hizo u omitió en estos veintipico de años...
–¿Sabe por qué me quiero romper la cabeza contra la pared muchas veces? No haberme ido ni siquiera en carpa a Viedma...
–Ah, ¿añora el traslado de la Capital?
–Yo me demoré porque quería hacer las cosas bien. Estábamos planificando la nueva ciudad, los nuevos edificios. Los nuevos edificios se podían construir y estaban prácticamente ya financiados por la venta que se iba a realizar de la Embajada en Japón, en Tokio. De modo que todo estaba listo para irse, yo creo que era muy importante para la Patagonia y para el país.
–¿Qué iba a pasar con la Plaza de Mayo si la Capital se mudaba a Viedma? ¿En qué quedaba la Plaza de Mayo? ¿Quién iba a ir? ¿La cerraban?
–Bueno, el jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires tendría que aguantarse. Allá habría otra Plaza de Mayo igual.
–¿El carácter de los hombres de gobierno, su temperamento, sus características personales, los complican demasiado en la vida pública? ¿O en realidad, en la vida pública uno se sabe sacar eso de encima y forma parte más bien del folklore del trato cotidiano pero no es determinante en grandes decisiones, en los grandes momentos?
–Yo creo que no es determinante, sin perjuicio de que a veces a mí me saltaba el gallego. Pero en general yo creo que no debe incidir el carácter, aunque uno da una impronta evidentemente, tiene su carácter.
–¿Hay que ser cabrón para ser presidente?
–No, por Dios, ¿por qué? ¿Cabrón qué quiere decir?
–Cabrón, creo yo, es peleador...
–No, cabrón es otra cosa, cabrón es traidor.
–Ah, no, entonces no...
–“Cabrero”, dirá usted...
–Rebobinemos. ¿Hay que ser empacado en los principios, difícil, tener un carácter duro?
–No, yo no tengo un carácter duro.
–¿Ser cabezadura?
–...Yo era un poco cabezadura.
–¿Era?
–Y tal vez siga siendo. Pero no de mal carácter. Creo que por ejemplo Kirchner es muy confrontativo y tiene un carácter malo. Además visualiza a quien no está con él como enemigo, parece que aquí estuviéramos en la ecuación de (Karl) Schmitt: amigo-enemigo. Creo que esto influye negativamente en su gestión.
–En su caso, en su trayectoria, ¿su temperamento, sus broncas, sus afectos pudieron en algún momento producirle un traspié? ¿Alguna vez se equivocó por ser demasiado afectivo, por tener broncas acumuladas, por confiar demasiado en gente que no lo merecía?
–Si hay algo que no sé es ser resentido –y esto no sé si es bueno o es malo, porque puede ser una debilidad de carácter– ni tener odios, así que en ese sentido no. En cuanto a los amigos, desde luego, a mí me costaba mucho pedir una renuncia, porque quería que las cosas anduvieran mejor, pero lo hacía.
–Usted dice que no hace interna pero si hay campaña presidencial, ¿va hacer campaña (en la presidencial de 2007)?
–Sí, desde luego.

Los disturbios de 1989 (entrevista)


Estos disturbios consistieron en una serie de manifestaciones y saqueos de supermercados, entre los meses de mayo y junio de 1989, durante los últimos meses de la presidencia de Raúl Ricardo Alfonsín. Los mismos fueron causados por la hiperinflación y la carencia de comida.
Víctima de estos hechos, fue José Giménez, dueño de un supermercado que se ubica en el centro de la localidad de Los Polvorines. “Ver a tus clientes que te roban. Ver a la Policía llenando sus camionetas de mercadería. Los mismos que deberían custodiarme me estaban robando. ¡La misma Policía me robaba!”.
 “Recuerdo que me fui con un camión a cargar las mercaderías más caras y las pude salvar, cuando quise ir por el segundo viaje, el local ya estaba saqueado. Ni la caja registradora, ni los ventiladores de techo. No me dejaron nada”, cuenta José, sobre lo acontecido. “Yo estaba ahí, solo, llorando de impotencia. Los clientes de todos los días me estaban robando en la cara. Algunos se portaron diez puntos, me decían:«mirá, la máquina de cortar fiambre está en tal dirección, la registradora está en tal lado, el ventilador de techo lo tiene mengano». Me estaban arrastrando una heladera donde estaban los lácteos y la dejaron porque les dio un golpe de electricidad. Después estuve 30 días sin saber si abría o no abría. Pasaron los días y la cosa se calmó. Entré en una depresión total. Mucha de la mercadería que me habían robado la tenía paga y otra la debía. Tenía que pagar la que debía, comprar para armarme y, gracias a Dios, pude hacerlo”. “Si hoy estoy de pie es por mis empleados, que también pusieron el pecho a la situación”.
 “Sentí mucha tristeza porque cuando llegué en 1985, con el súper fui ganándome un respeto en el barrio. Hacía cosas por los chicos, organizaba eventos para los días del niño, las fiestas, conseguía juguetes. Los domingos regalábamos chocolatada y sándwiches de batata y queso a los chicos que no habían faltado a la escuela. Teníamos buena llegada”, relata.

“Yo soy un laburante. No entiendo nada de política. Mi única política fue levantarme todos los días a las seis de la mañana y trabajar hasta la noche. Cuando ocurrieron esos saqueos fueron para que se vaya el presidente que estaba, si bien la situación social estaba difícil, a la gente la manejaron, pero no sé quién. Murió gente y a nosotros, los comerciantes, nos perjudicaron. Y todo, ¿para qué?  Aceleraron los tiempos para que se fuera Alfonsín y nosotros pagamos el pato. Siempre está la política en el medio. Hoy, como está la gente, si volvieran a ocurrir los hechos como aquel diciembre, sería peor. La gente no iría solo contra los súper, iría contra todo: farmacias, casas de computación, verdulerías, joyerías. Como están cebados los muchachos y por la impunidad total que hay, sería terrible si volvieran a ocurrir hechos así”, afirma Giménez.
 “Lo que sé es que yo presenté todos los papeles, las pruebas de los daños, el detalle de todo lo que me habían llevado. Llevé todo: las denuncias, las fotocopias, todo lo que me pidieron. No recibí un peso, lo mío no entró”, señala José.
Después del episodio durante ese año, Giménez entró en un cuadro depresivo, no sabía si continuar en el rubro. Agobiado por las deudas, buscó la manera de “volver a remarla”.  “Salí adelante con mi gente, con empleados que están conmigo hace 30 años. Nunca tuve conflicto con el personal y ellos me ayudaron cuando hubo que poner el lomo, cuando hubo que cobrar el sueldo en cuatro veces. Estuvieron al pie del cañón y si me levanté fue por ellos también. También fue por tener «conducta comercial» porque si sos un garca, ¿quién te va a vender?”

En la actualidad, el hombre sigue con su comercio y espera que, hechos como los de aquel año, no vuelvan a suceder.

martes, 30 de agosto de 2016

La Transición

En el año 1982, la Argentina perdió la guerra de Malvinas. Esto ocasionó que el gobierno militar encabezado por Leopoldo Fortunato Galtieri, pierda la poca legitimidad que tenía. La sociedad argentina le exigió su renuncia y que se convocara a elecciones. Finalmente, Galtieri renunció y lo reemplazo provisionalmente otro militar, Reynaldo Bignone, quien llamó de forma inmediata a elecciones.

Intentar recuperar las islas fue un manotazo de ahogado mediante el cuál se buscaba encontrar apoyo en la sociedad. La derrota en Malvinas fue el golpe final al gobierno anticonstitucional de facto. Su fracaso fue rotundo. La dictadura se derrumbó sin un plan premeditado más que irse y dejar todo en manos de la población.

En el año 1983, se celebraron las primeras elecciones en la cuál ganó el radical Raúl Alfonsín, el candidato más crítico del régimen militar. Él no apoyó la Guerra de Malvinas y prometió juzgar a los culpables de violar los Derechos Humanos.

El radicalismo gobernó en soledad. Prometió los dichos de su campaña enjuiciando a las cúpulas y condenando a los militares responsables del golpe y los desaparecidos.

Desde 1983 hasta la fecha, se mantuvo el régimen democrático.

miércoles, 10 de agosto de 2016

Raúl R. Alfonsín, El Retorno de la Democracia

Raúl Ricardo Alfonsín nació el 12 de marzo de 1927 en la localidad bonaerense de Chascomús, con descendencia española de parte de padre y alemana por parte de madre. Estudió en la Escuela Normal Regional de Chascomús y en el Liceo Militar General San Martín, donde tuvo como compañeros de clase a los futuros dictadores Jorge Rafael Videla y Leopoldo Fortunato Galtieri.

En 1949 se casó con María Lorenza Barreneche, con quien luego tendría seis hijos.Al año siguiente, en 1950, se recibió de abogado en la Facultad de Derecho de la Universidad de La Plata. Fue el mismo año en el que comenzó a militar en el Movimiento de Intransigencia y Renovación de la Unión Cívica Radical. En 1954, fue electo concejal por Chascomús, pero al año siguiente lo metió preso la Revolución Libertadora. Durante los mandatos de los presidentes radicales Arturo Frondizi y Arturo Umberto Illia pasó primero de diputado provincial, a diputado nacional, a Vicepresidente de bloque y terminó presidiendo el Comité bonaerense de la Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP). Por reabrir el comité provincial en 1966, en plena dictadura de Juan Carlos Onganía, estuvo preso un breve tiempo.

Sin embargo, sólo comenzó a destacarse en política a principios de los '70, cuando creó el Movimiento de Renovación y Cambio. Se trataba una línea del radicalismo apoyada por la militancia universitaria, con una propuesta socialdemocráta, nacional y popular, pero alejada del peronismo y de la violencia política.
Alfonsín perdió la interna con Ricardo Balbín, aunque consiguió la banca de diputado una vez más en 1973. Con el aumento de la violencia del gobierno de Perón e Isabel, fue uno de los fundadores de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH). Desde allí, en su rol de abogado, defendió a opositores políticos perseguidos y presentó habeas corpus por los desaparecidos, lo que implicaba poner en riesgo su propia vida.


También fue uno de los pocos que se opuso a la Guerra de Malvinas que marcó el principio del fin de la última dictadura militar, lo cual comenzó a cimentar su popularidad: Alfonsín arrasó primero en la interna contra Fernando De la Rua, y el 30 de octubre de 1983 se impuso al candidato peronista Ítalo Luder con el 51,7% de los votos contra el 40% del PJ.

Ni bien comenzó su gobierno, como había prometido en campaña, anuló la autoamnistía dictada por los militares y creó la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) a fin de investigar los crímenes cometidos por las tres juntas de la dictadura. En 1984 se publicó Nunca Más, el informe de dicha investigación, y a fines del año siguiente se condenó a cinco mandatarios militares a penas que iban de cuatro años a la reclusión perpetua.

Lo que fue en un principio la principal fortaleza de su gestión, terminaría siendo su mayor debilidad. La amenaza de golpe de estado de los militares era constante y lo obligó a firmar la ley de Punto Final, pero no fue suficiente: ante el levantamiento carapintada de Semana Santa de 1987 se vio sin apoyo militar alguno, y para evitar una guerra civil debió promover la ley de Obediencia Debida. Fue el "Felices Pascuas" y el comienzo del declive de su gobierno.

Sin embargo, fue la economía que terminó de sepultar a Alfonsín. Los buenos comienzos del Plan Austral quedaron opacados por la creciente inflación y la falta de fondos estatales. La oposición del peronismo y del propio radicalismo le impidió emprender las privatizaciones que luego se harían en los '90.

El Plan Primavera fue un último manotazo de ahogado que terminó hundido entre la hiperinflación, la corrida contra el dólar, el aumento de la pobreza y los saqueos. Las elecciones presidenciales se adelantaron al 14 de mayo de 1989 y Alfonsín renunció antes de tiempo, el 9 de julio, para ceder lugar al ganador Carlos Saúl Menem. 

La debilidad electoral del radicalismo lo obligó a acordar el Pacto de Olivos con Menem, que permitió la reforma constitucional de 1994 y la posterior reelección presidencial. Para enfrentar la creciente popularidad del menemismo fue el principal impulsor de la Alianza entre la UCR y el FREPASO. Si bien al principio apoyó la unidad del gobierno de De la Rua, se fue distanciando a medida que entraba en el caos de 2001. Ese mismo año fue electo senador por la provincia de Buenos Aires, y votó la presidencia provisional de Eduardo Duhalde.

Finalmente es recordado fue el protagonista principal del  25º aniversario del retorno a la democracia, una palabra que lo identifica a nivel Nacional. Queda como parte de su herencia, al igual que el juicio a las juntas, la ley de divorcio vincular o el reconocimiento de la deuda externa.

miércoles, 1 de junio de 2016

Su Homenaje


Monumento a los caídos en Malvinas



El Monumento a los caídos en Malvinas es un cenotafio localizado en la Plaza General San Martín, en Buenos Aires, erigido en honor a los caídos en la Guerra de las Malvinas.

Situado en el sector de la plaza que da hacia la Avenida del Libertador, está formado por 25 placas de mármolnegro con los nombres de los 649 combatientes caídos en la guerra acontecida en 1982. Todas las mañanas, a las 8 en punto, puede observarse el izamiento de la bandera argentina.

El 5 de mayo de 1989, siendo presidente de la Argentina Carlos Saúl Menem, se resolvió la erección de un monumento, tipo cenotafio, en homenaje a los caídos durante la Guerra de las Islas Malvinas y Atlántico Sur, en el ámbito de la Ciudad de Buenos Aires.
El sitio elegido generó discusiones: algunos consideraban que la plaza debía preservarse sólo como homenaje al general San Martín, otros que no podía colocárselo justo frente a la Torre Monumental otros que el lugar, de tránsito rápido, era ruidoso y por tanto poco apto para un monumento a los muertos; y también estaban los que protestaban por la destrucción de la verde barranca de la plaza. Sin embargo la oposición resultó inútil y el monumento se inauguró oficialmente el 24 de junio de 1990.



Vista del Monumento a los caídos en Malvinas, en la Plaza San Martín.










Desarrollo de la Guerra

El 2 de abril de 1982, tres días después de la movilización en la Plaza de Mayo, alrededor de cinco mil efectivos al mando del general Mario Benjamín Menéndez desembarcaron en Puerto Stanley, la capital de las Islas Malvinas, desde entonces rebautizada como Puerto Argentino. Los cuarenta y nueve marines ingleses que conformaban la pequeña guarnición encargada de la custodia del archipiélago fueron capturados y trasladados a Montevideo junto con el gobernador Rex Hunt. El general Menéndez asumió como gobernador de Malvinas. Aunque para la sociedad argentina la toma de Malvinas fue algo inesperado, el plan militar hacia tiempo que se venia analizando.
La Guerra de las Malvinas Dia del Veterano y Caidos 2 de Abril de 1982Gran Bretaña había alertado al gobierno de Estados Unidos cuando la invasión pareció inminente, lo que dio lugar a un infructuoso llamamiento de última hora por parte del presidente estadounidense Ronald Reagan al presidente argentino Galtieri.
El gobierno británico de la primera ministra Margaret Thatcher se enfrentó a una grave crisis política, que provocó la dimisión inmediata del ministro de Asuntos Exteriores, lord Carrington. Margaret Thatcher para mejorar su imagen política decidió liberar las islas y su primer triunfo fue diplomático, pues logró que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas declarara a la Argentina “país agresor” y obtuvo el aval incondicional de EE.UU. y de la Comunidad Económica Europea.
Entre el 2 de abril y el 14 de junio de 1982, la República Argentina se enfrentó militarmente con Gran Bretaña por la soberanía de las islas. Esta trágica decisión fue tomada por una dictadura que venía ejerciendo el terrorismo de Estado desde 1976. La recuperación de las islas fue considerada justa por una parte de la sociedad que salió a la calle a manifestarse. La nefasta decisión de la Junta militar provocó la pérdida de centenares de vidas y una rendición humillante. La derrota fue uno de los hechos que. precipitó la salida del poder de los dictadores y abrió las puertas a la transición democrática.
El apoyo latinoamericano a la Argentina fue casi unánime. Nicaragua ofreció tropas; Venezuela, petróleo y Perú, aviones de reemplazo. Solamente el régimen de Pinochet, en Chile, adopté una posición contraria, concediendo a los británicos suministros y bases para unidades de comandos.
Rápidamente se reunió un importante destacamento de fuerzas, formado por dos portaaviones y unos 28.000 hombres. Cuando este destacamento inició su viaje de 8.000 millas hasta el Atlántico sur, se produjo una intensa actividad diplomática por parte del secretario de Estado (ministro de Asuntos Exteriores) de Estados Unidos, Alexander Haig, el cual trató de convencer a Argentina de que tenía más posibilidades de alcanzar su objetivo aceptando entablar negociaciones diplomáticas, pero al fracasar en sus esfuerzos, el 30 de abril anunció formalmente el apoyo estadounidense a Gran Bretaña.
Ante la posibilidad cada vez más real de un conflicto bélico, hubo algunos intentos de mediación, entre los que se destacaron el del secretario general de la ONU, Javier Pérez de Cuellar, y el secretario de Estado norte­americano, Alexander Haig. Pero todos fueron infructuosos. El 1 de mayo comenzó la guerra.
El 25 de abril, las fuerzas británicas reconquistaron Georgia del Sur. A comienzos de mayo, tras el despliegue del grueso de sus fuerzas en la zona, los aviones de la RAF (Fuerza Aéreas británicas) comenzaron a atacar las posiciones argentinas, en especial la pista de aterrizaje de Puerto Stanley (Puerto Argentino, antiguo Puerto Soledad). Aunque los británicos no lograron expulsar a las fuerzas aéreas y navales argentinas, el submarino nuclear Conqueror provocó el hundimiento del crucero argentino General Belgrano,falleciendo 368 hombres. A continuación, un misil Exocet lanzado por la aviación argentina hundió a un destructor británico, el HMSSheffield.
Los británicos se prepararon para un desembarco anfibio en la Gran Malvina (una de las mayores islas del archipiélago), una operación militar bastante difícil. Fuerzas especiales reconocieron la isla para determinar las posiciones de las tropas argentinas e identificar los lugares más apropiados para el desembarco. Mientras tanto, la actividad diplomática continuaba, primero a iniciativa del gobierno peruano y, después, del secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) Javier Pérez de Cuéllar. Una vez más, el gobierno argentino se negó a contemplar la posibilidad de una retirada militar si no se le garantizaba que las negociaciones directas desembocarían en una transmisión de soberanía.
El 21 de mayo, unos días después de que concluyeran los esfuerzos de la ONU, sin que se produjera ningún avance, las tropas británicas desembarcaron en San Carlos (en la Gran Malvina). El desembarco se llevó a cabo con éxito, pero durante los días siguientes no cesaron los ataques aéreos contra los buques británicos que trataban de desembarcar suministros en tierra. Fueron hundidos tres buques de guerra y un mercante, el Atlantic Conveyor, varios helicópteros se perdieron y numerosos aviones argentinos fueron derribados.

Panorama de Argentina en el '82

¿Qué pasaba en la Argentina de entonces?
El 24 de marzo de 1976, un golpe cívico militar derrocó a la presidenta María Estela Martínez, viuda de Perón. Las Fuerzas Armadas instalaron una Junta militar que designó como presidente a los jefes del Ejército, Jorge Videla en un principio, y más tarde a Roberto Viola, Leopoldo Galtieri y Reynaldo Bignone.
Así se inició la última dictadura cívico-militar argentina. El mismo día del golpe, la Junta tomó las siguientes medidas:
• Instauró el Estado de sitio.
•  Consideró objetivos militares a todos los lugares de trabajo y producción.
• Removió los poderes ejecutivos y legislativos, nacionales y provinciales.
• Clausuró el Congreso de la Nación.
• Cesó en sus funciones a todas las autoridades federales y provinciales como así también a las municipales y las Cortes de Justicia nacionales y provinciales.
• Declaró en comisión a todos los jueces, suspendió la actividad de los partidos políticos; intervino los sindicatos; y las confederaciones obreras y empresarias.
• Prohibió el derecho a huelga; anuló las convenciones colectivas de trabajo.
• Instaló la pena de muerte para delitos de orden público e impuso una férrea censura de prensa.

Fotogalería de la Guerra.



















Rock Nacional y Guerra de Malvinas.

Cuando en abril de 1982 los militares que estaban en el gobierno decidieron invadir las Islas Malvinas como una forma de recuperar la bendición popular (cosa que lograron por unos días, con plazas llenas y gente cada vez más patriota por lo que sucedía a miles de kilómetros al sur), restringieron, con la inteligencia que los caracterizó, la difusión de música en inglés por las radios. Esto sirvió como trampolín para el rock nacional, un género que por entonces se movía por una suerte de under, con voces que se levantaban, mediante el uso de la poesía y la metáfora, contra las formas de la tiranía.
La Guerra de Malvinas pobló las radios de ese género que ya había superado la etapa de embrionario para convertirse en toda una movida cultural, y hasta se organizaron festivales multitudinarios que convocaban a esa juventud que había padecido la represión en sus múltiples formas y, para colmo, una guerra.
Y, por supuesto, sería el rock el estilo musical que se hiciera cargo de criticar la guerra y poner de manifiesto la locura de aquellos que se arrogaban el mote de salvadores de la Argentina.
Durante esos años, cinco canciones, si bien hubo algunas más, se convirtieron en icónicas de un grito pacificador, un grito que llegaba, justamente, desde la juventud que había sido acallada durante un más de un lustro.
El primero en llevar la guerra a sus letras fue Charly García con el tema No bombardeen Buenos Aires.
Ya en 1983, con la dictadura en retirada y el rock instalado en las radios, aparecerían tres canciones en las que Malvinas estaba presente. Reina Madre, de Raúl Porchetto; La isla de la buena memoria, de Alejandro Lerner, y Mil horas,de Los Abuelos de la Nada.
La quinta canción que tuvo a la Guerra de Malvinas como tema fue Decisiones apresuradas (1985) de Fito Páez.
Años después, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota o simplemente Los Redondos, con Vencedores Vencidos (1988) describieron varias épocas históricas de Argentina, una de ellas fue la Guerra de Malvinas y, como no podía ser de otra manera, Solari, le dedicó una flor de poesía a esta época siniestra y dura de nuestro país.
También Callejeros hizo lo propio, con la canción No volvieron más (2008), donde se refieren a lo más destacado de la última Dictadura Militar, como el Mundial del 78 y la Guerra de Malvinas.

Fue en abril que empezó 
a engordarse tu resignación 
sin saber ni perder ni ganar 
tu bandera te empezó a traicionar 
circo y pan como siempre fue acá 
nos prendimos a jugar un mundial 
y después nadie supo saltar 
por los sueños que se hundieron allá 

Oh, y no volvieron más 
Oh, y no volvieron 

Fue en abril que empezó 
a engordarse tu resignación 
sin saber ni perder ni ganar 
tu bandera te empezó a traicionar 
circo y pan como siempre fue acá 
nos prendimos a jugar un mundial
y después nadie supo saltar 
por los sueños que se hundieron allá 

Oh, y no volvieron más 
Oh, y no volvieron 

Fue el alcohol 
de una bota formal 
el que quiso ver mi sueños quebrar 
Nuestra cruz 
no se quiso acordar 
de los huecos de la lista oficial 
Fue en abril que empezó 
a engordarse tu resignación 
sin saber ni perder ni ganar 
tu bandera te empezó a traicionar 

Oh, y no volvieron más 
Oh, y no volvieron


La Guerra de Malvinas y la prensa nacional e internacional.

Los medios decían:



















La carta perdida


Héroes de Malvinas


miércoles, 18 de mayo de 2016

Señalizaciones, espacios de memoria, y centros clandestinos de detencion

Señalizaciones y espacios de memoria
Centros Clandestinos de detencion distribuidos en el pais.




Sobreviviente de "La Escuelita"

"Mi nombre es Alicia Mabel Partnoy, argentina, nací en Bahía Blanca el 7 de Febrero de 1955, DNI 11.314.756, 

El 19-9-74 contraje matrimonio con Carlos Samuel Sanabria, argentino nacido en Bahía Blanca el 15-9-53, con quien tuve una hija Ruth-Irupé, quien nació el 28-6-75. Estudiábamos en la Universidad Nacional del Sur (Bahía Blanca), yo en el departamento de Humanidades y mi esposo en Ingeniería, habiendo sido yo delegada de curso y ambos activistas de la Juventud Universitaria Peronista. En el momento de nuestra detención mi esposo estaba trabajando en un negocio de venta de neumáticos "Casa Cincotta".

El día 12 de enero de 1977 al mediodía, soy detenida por personal del ejercito uniformado, en mi domicilio de Canadá 240, Dto 2, Bahía Blanca; minutos después el mismo personal detiene a mi esposo en su local de trabajo. Se nos traslada al Comando del V Cuerpo de Ejercito y de allí a un campo de concentración: "La Escuelita". A partir de ese momento pasamos a ser por espacio de 5 meses, dos nombres más en la interminable lista de miles de detenidos-desaparecidos, víctimas de la dictadura militar argentina.

Permanecimos 3 meses y medio en "La Escuelita", sujetos a torturas físicas y psicológicas, acostados permanentemente. De allí el 25 de abril de 1977 somos trasladados a la cárcel de Villa Floresta (Bahía Blanca), donde por 52 días estamos totalmente incomunicados, separados y en celdas de castigo. A mediados de junio de 1977 -150 días después de la detención- el Poder Ejecutivo Nacional emite un decreto por el cual pasamos a estar a su disposición. A los pocos días de nuestra detención-desaparición, en el comando del V Cuerpo de Ejercito a mi familia le habían mostrado un papel supuestamente firmado por nosotros donde "declarábamos" haber sido puestos en libertad,'''

El 22 de agosto de 1977 mi esposo es trasladado a la cárcel de Rawson. Durante el traslado, esposado y vendado es objeto de golpes brutales. Permanece hasta octubre de 1979 en dicho establecimiento penal en condiciones infrahumanas de detención. Yo soy trasladada a Villa Devoto, esposada, vendada y sentada (con la cabeza entre las piernas) sobre el aparato de calefacción del avión en un viaje con Escalas que dura 10 horas.
A fines de 1979, luego de tres años de prisión se nos otorga el derecho a dejar el país y llegamos a Estados Unidos, Carlos el 22 de octubre y yo junto a mi pequeña hija el 23 de diciembre de 1979.

Este testimonio es una prueba más de la existencia de detenidos desaparecidos en Argentina y de la responsabilidad total que cabe a la Junta Militar en la realización de crímenes contra la humanidad.

Me uno al pedido de los familiares de las víctimas y del pueblo de mi país, que hoy reclaman el total esclarecimiento de la situación de los detenidos-desaparecidos:

Aparición con vida de los detenidos desaparecidos ;.
Aparición de los niños secuestrados y nacidos en cautiverio.
Juzgamiento y castigo de los culpables.

Responsabilizo al Gobierno Militar de Argentina por cualquier represalia que se tome sobre la persona o los bienes de mi familia que vive en el país.

Me constituyo en testigo de cargo y me responsabilizo por todo lo expuesto en este testimonio. Estoy dispuesta a declarar ante cualquier organismo que investigue la violación de los derechos humanos en mi país.


El que sigue es el relato de la pesadilla en que la Dictadura Militar Argentina nos sumió (a mí y a mí familia) por espacio de tres años. Si hemos podido salir vivos de ese infierno ha sido por la presión ejercida sobre el gobierno argentino desde dentro y fuera del país por todos aquellos (Personas u organismos) que luchan por la plena vigencia de:.la Constitución y los Derechos Humanos en mi tierra. Por eso, por los que todavía sufren en manos de quienes sangrientamente se apoderaron del gobierno de mi patria el 24-3-76, es que exhorto a no abandonar esta justa lucha por la vida y la libertad de miles de hombres, mujeres y niños argentinos.


Detención y tortura.

El 12 de enero de 1977, me encontraba en mi casa con mi hija Ruth Irupé (de un año y medio), cuando escuché que sonaba insistentemente el timbre de calle. Era mediodía. Caminé los 30 metros de pasillo que separaban mi departamento de la puerta principal. Cuando llegué alguien estaba pateando con fuerza la puerta. Pregunté: ¿quién es? y me respondieron: Ejército; mientras seguían golpeando. En ese momento recordé los miles de asesinatos, desapariciones y torturas, que desde hacía casi un año venía perpetrando el ejército. Solo atiné a tratar de escapar y corrí por el pasillo saltando el paredón trasero de la casa. Entonces me dispararon desde uno de los techos vecinos. Mi hija, que me había seguido por el pasillo rumbo a la puerta, rompió a llorar. No pude verla ni supe que habían hecho con ella hasta cinco meses después. Ni siquiera supe si esa bala la había alcanzado. Entre cinco soldados me metieron a la fuerza en el camión del ejército. Ante los reclamos por mi hija sólo recuerdo la mirada de odio del que debía ser el jefe de la operación. Había al menos tres vehículos militares en la cuadra y se había obligado a los vecinos a permanecer dentro de las casas. Toda la comitiva se dirigió al lugar de trabajo de mi esposo, a unas 15 cuadras de nuestro domicilio y allí lo detuvieron, llevándonos a ambos al Comando del V Cuerpo de Ejercito, sede del Ejército en Bahía Blanca. 

Allí permanecimos, en lugares separados hasta la tarde, en que luego de tomarnos declaración con los ojos vendados y esposados fuimos del mismo modo; trasladados al Campo de concentración. Cuando bajé del vehículo en que me llevaron, pude distinguir gracias a que mi venda estaba un poco floja, la fachada de una vieja casa en cuyo frente se leía en grandes letras negras: A.A.A. (Alianza Anticomunista Argentina), grupo para policial responsable de numerosos secuestros, torturas y asesinatos y con el cual el ejército insiste en no tener relación.

Adentro de la casa, entre burlas, gritos y malos tratos, tomaron nota de la ropa que llevaba puesta y me robaron [ilegible] un anillo. Luego me preguntaron:

Militar: -¿Quiénes somos nosotros?
Yo: -El Ejército
Mil.: No, quién te detuvo?
Yo: -El Ejército
Mil.: -El Ejército te dejó en libertad y nosotros te agarramos - te encontramos en la calle.

Era 1977 y los militares hacían cínicos y absurdos esfuerzos por deslindar responsabilidades.
Me llevaron a una pieza y me obligaron a acostar sobre un colchón. Allí, con las manos atadas atrás, escuche durante toda la noche voces de hombres y mujeres: "Señor, agua", "Señor, quiero ir al baño", "Señor, pan". Nadie respondía. De a ratos entraba alguien y golpeaba a algunos, o gritaba insultos. Se oían quejidos.

Escuché durante toda la noche los gritos de mi marido en la tortura. Después supe que lo habían atado desnudo a una cama metálica y le habían aplicado electricidad (picana) en las sienes, las encías, el pecho, los testículos; supe que lo habían golpeado brutalmente. Luego me pareció escuchar sus quejidos entra habitación contigua, a la mañana, cuando me obligaron a levantarme descalza, pude ver - por un resquicio de abajo de la venda, - que él estaba tirado en el piso, también había sangre en el suelo y me hicieron pisarla.

Me llevaron a interrogar a la cocina, había allí unos cinco o seis militares, entre interrogadores y guardias. Me pusieron una picana al lado mientras gritaban "Máquina" (así llaman a la tortura con picana); con un arma me apuntaban en la sien y apretaban el gatillo. Decían que iban a matar a mi hija. Me golpearon y luego cínicamente me leyeron el testimonio de una mujer a la que habían torturado salvajemente. Me decían que ellos no me estaban haciendo nada de eso, que por lo tanto todo eso era mentira -yo sabia que no era mentira-. Pero luego hicieron venir a mi esposo para que me contara su tortura.

Casi no podía hablar porque tenía la boca llagada y la lengua lastimada de haberla mordido cuando le aplicaban electricidad. Después de golpearme y amenazarme con "hacerme jabón" (por ser judía),me hicieron volver a la habitación diciendome que en dos semanas me iban a venir a buscar de nuevo y me iban "a matar, si no te acordás de las cosas". Me sobresaltaba varias veces al día al oír el motor del auto de los torturadores, pensaba que venían a buscarme. Pasaron dos semanas y no volvieron.

Descripción de "La Escuelita".

La vieja casa donde funcionaba el campo de concentración esta ubicada atrás del Comando del V Cuerpo de Ejército a unas 15 cuadras de un motel alojamiento llamado "Tú y Yo", sobre el "camino de la Carrindanga" (camino de cintura). El lugar es llamado por los militares "Sicofe". Esta cerca de una vía del ferrocarril, se podía oír el paso de los trenes, los tiros de práctica del Comando de Ejército y el mugido de vacas. 

Constaba de dos habitaciones donde se encontraban las camas cuchetas en las que permanecíamos acostados los prisioneros. Cuando llovía, el agua caía a chorros dentro de las piezas, empapándonos ya que no nos podíamos mover. El piso de esas habitaciones era de madera, con huecos y roturas; las paredes amarillentas y las ventanas, altas y con rejas coloniales tenían postigos verde oscuro. Siempre espiando por debajo de la venda podía ver desde mi cama la inscripción A.A.A. en la pared de una de las. piezas; había un pizarrón en la pared opuesta. En el medio de esas habitaciones había un balcón con piso de baldosas, donde se instalaba un guardia a controlar que no nos moviéramos ni habláramos.

También había allí una cama con un prisionero. Una reja clausuraba esa parte de la casa. Luego de un pasillo, venía la habitación de los guardias. La cocina y el baño (adonde a veces nos duchábamos). Se atravesaba una puerta para salir al patio, donde estaba la "sala de tortura", la letrina adonde nos llevaban a hacer nuestras necesidades y un aljibe que utilizaban para torturar colgando a las personas durante horas con el cuerpo sumergido allí. También había una casilla rodante donde dormían los guardias Luego agregaron una o dos casillas más para otros detenidos-desaparecidos.

Este es el plano aproximado del lugar. En más de 100 días, se dieron muchas oportunidades de espiar por debajo de la venda, a pesar de los algodones que nos colocaban, de la cinta adhesiva que nos pegaban a la piel o de los golpes que recibíamos ante la sospecha de que espiábamos. A pesar de que podría reconocer perfectamente el lugar si lo viera, hay algunas imprecisiones en el dibujo, sobre todo en lo que respecta a la ubicación de los lugares en el patio.

Personal.

La guardia estaba compuesta en su mayor parte por personal de Gendarmería Nacional. Había dos turnos de 12 guardias cada uno, que con algunas variaciones debidas a sus cambios de destino, custodiaban a los detenidos-desaparecidos por intervalo de dos meses cada turno. Había dos jefes de turno permanentes que controlaban día por medio el "campo". 

Estos jefes (aparentemente oficiales) estaban encargados de la tortura, en los interrogatorios, y también tomaban parte en los secuestros y traslados. Algunos guardias participaban en la tortura y en los operativos (secuestros) -de lo cual se vanagloriaban-, recibían a cambio dinero extra y ademas el beneficio de repartirse el "botín". Todos los guardias eran encargados de la diaria tortura física y sicológica consistente en el maltrato y la humillación permanente que luego describiré.

Había dos interrogadores (personal de Inteligencia) que aparentemente supervisaban el "trabajo" de los jefes de turno y que venían imprevistamente o cuando habla nuevos secuestrados. Cada tanto venían comitivas especiales, precedidas por un estado de nerviosismo de los guardias -que en esas oportunidades limpiaban el piso-. En una de esas recorridas pude ver -por un resquicio de la venda- un par de botas militares y parte de un pantalón verde oliva. De todos modos el ruido de las botas sonaba aterrador sobre el piso de madera -aún antes de haberlas visto- (Tanto los guardias como los jefes usaban ropa civil, esmerándose en que su calzado fuera silencioso para que nunca tuviéramos exacta noción de donde se encontraban). También había un "médico" o enfermero en el último tiempo.

Los turnos de guardia se distribuían de la siguiente manera: 3 grupos de 4 Cada grupo tenía un día de turno, un dúa de descanso (en que estaban autorizados a salir del lugar) y un día de "retén" en que se quedaban a reforzar la guardia en caso necesario. El grupo de refuerzo era el encargado de ir a buscar la comida al comando. El grupo diario rotaba en los siguientes puestos: Uno adentro de las piezas, uno en el pasillo, uno en la qarita de afuera y el cuarto móvil. Luego de meses de estar atenta a los ruidos y a las voces, y a las conversaciones que podía captar entre ellos, pude darme cuenta de cuantos eran y como se organizaban. Todos se llamaban entre ellos por sobrenombres; las descripciones físicas aproximadas puedo darlas gracias a lo que espíe bajo la venda floja y a que en las pocas oportunidades en que nos podíamos bañar ellos se colocaban una capucha negra al quitarnos la venda.

Condiciones de vida en "La Escuelita".

Un promedio de unas quince personas sobrevivíamos en condiciones infrahumanas, donde a la incertidumbre sobre nuestro destino-final y el temor permanente a la muerte -que se prolongaba por largos meses- se sumaban la tortura física y la carencia de las cosas mas elementales para cubrir las necesidades humanas. 

Obligados a estar acostados, a veces inmóviles o boca abajo durante largas horas, con los ojos vendados y las muñecas atadas fuertemente (en los hombres se solía utilizar esposas). Cubiertos con una sucia manta cuanto las temperatura alcanzaba varios grados bajo cero, éramos obligados a cubrirnos hasta la cabeza cuando el calor era fuerte.

La venda en los ojos era fuertemente ajustada, aunque en oportunidades pasaban guardias que no las ajustaban lo cual era usado como excusa en la guardia siguiente para pegarnos "Por no avisar" Frecuentemente nos tapaban también los oídos con la venda. Muchas veces se nos permitía hacer nuestras necesidades una sola vez por día y luego de muchas horas de pedirlo. Otras veces los guardias nos ofrecían llevarnos al baño pero eran tantos los golpes, empujones y malos tratos que recibíamos en el trayecto que preferíamos no ir.

En una de esas idas al baño me rompieron un diente empujandome contra la reja que cerraba la entrada a las habitaciones. Otras veces nos hacían formar un "trencito"; entraban a gritos en las habitaciones, golpeándonos con un garrote de goma nos apuraban a que nos pusiéramos los zapatos, que buscábamos a tientas alrededor de la cama. Luego nos hacían formar en hileras de 4 ó 5, tomados unos de las ropas de los otros, a veces podíamos tomar la mano de alguien, ellos no lo sabían y su propósito era humillarnos y reírse de nosotros, pero ese contacto con una mano solidaria nos reconfortaba. El baño en cuestión era una letrina sin puertas, en el patio. Mientras hacíamos nuestras necesidades eramos observados por los guardias que nos insultaban. Estábamos tan debilitados que nos desmayábamos muy frecuentemente cuando nos levantábamos para ir al baño.

Estábamos muy sucios, nos bañábamos cada 20 días y en el transcurso no se nos permitía lavarnos las manos, con las que solíamos comer muchas veces a falta de cubiertos. Nos echaban polvos insecticidas tóxicos sobre el cuerpo y el cabello "para combatir pulgas y chinches". Mientras nos bañábamos eramos observadas por los guardias encapuchados, luego del baño, nos volvíamos a colocar la misma ropa sucia. A veces, cuando saqueaban las casas solían traer algunas ropas al "campo"' y una vez obligaron a todos los hombres a vestir camisones de mujer y vestidos mientras se secaban sus pantalones. El objetivo era humillarlos. En días muy fríos solían bañar a los hombres con una manguera en el patio, como a los animales.

La comida consistía en almuerzo a la 1 (13 horas) y cena a las 7 (19 horas); o sea que durante 18 horas seguidas no probábamos bocado. Vivíamos con hambre permanentemente. Yo adelgacé 10 kg. llegando a pesar 45 kg. (mido 1,64 m). A la comida escasa, falta total de azúcares y frutas, se sumaba el hecho de que la situación de "stress" permanente hacía que nuestro organismo consumiera mayor cantidad de calorías. Solíamos temblar durante horas de frío, a veces en verano. Comíamos nuestro plato de comida con los ojos vendados, sentados en la cama y con el plato sobre la falda, apoyado en la almohada. Cuando había sopa o guisos líquidos los golpes eran permanentes porque los guardias pretendían que mantuviéramos el plato derecho, cosa imposible con los ojos vendados.

Cuando teníamos sed podíamos pedir agua durante horas sin obtener más respuesta que amenazas o golpes. Hablar estaba prohibido y era castigado con golpes de cachiporra de goma, puñetazos o quitándosenos el colchón. Una vez que me encontraron hablando me llevaron a los empujones hasta la cocina, me obligaron a desnudarme y a colocarme bajo una gota de agua que caía por un agujero del techo, ya que estaba lloviendo. Estuve media hora parada allí y luego me pegaron fuertes patadas. Ea otra oportunidad, me colocaron en la misma pieza con mi esposo después de 3 meses de no vernos.

Luego de dos días de escuchar atentamente tratando de encontrar un momento para hablar, creíamos que no nos observaban y alcanzamos a cruzar algunas palabras, pero nos estaban escuchando: fuímos brutalmente golpeados y por supuesto separados de habitación. Nunca voy a olvidarme del día de mí cumpleaños, el 7 de febrero: me permitieron sentar en la cama; también había música ese día: estaban torturando a Carlos Mario D'Ilaqua y a Hugo Pvonpíndal y pretendía tapar los gritos con el ruido de la radio.

Cuando detenían a gente nueva solían traer buena comida, nos decían que: "debíamos estar contentos" en esas oportunidades. El día en que detuvieron a "Benjamín" -un muchacho de 17 años- nos habían traído un trozo de queso para la cena. Benjamín -casi un niño- fue brutalmente golpeado; después de tenerlo todo el día sin comer, alternativamente colgado de los brazos y sumergido en el pozo de agua y parado al sol, lo trajeron a nuestra habitación. Allí le ataron las manos a los pies de mi cucheta (yo estaba en la cama de arriba). Toda la noche estuvo allí parado y desnudo, recibiendo los golpes de los guardias que entraban a cada rato diciendo que "estaban aburridos" y "querían boxear un poco".

Lo golpeaban en el estómago y caía, quedando colgado de las manos; lo obligaban a levantarse y lo volvían a golpear. En un intervalo alcancé a pasarle unos trozos de queso y de pan por debajo de la manta: debía colocármelos entre los dedos de los pies y alcanzárselos hasta su mano, ya que de otro modo nos podían descubrir.

E1 clima de violencia era permanente, nos amenazaban constantemente gatillando sus armas en nuestra cabeza o boca. Una vez, a uno de los guardias que estaba parado enfrente de mi cucheta se le escapó un tiro adentro de la habitación, podía haber sido fatal.

Había cosas insólitas: un día nos trajeron a todos cepillos de dientes y pasta dental, no teníamos nada, casi no nos bañábamos y a duras penas nos llevaban al baño, ¿nos dejarían lavar los dientes? Un día cuando nos llevaron al baño nos dieron un vaso de agua para que nos laváramos los dientes, yo no pude resistir unos minutos más parada y me desmayé. A los dos días nos quitaron todo: la pasta dental era de los Laboratorios del Ejercito Argentino.

En los últimos tiempos trajeron un médico o enfermero que venía a preguntarnos como estábamos: como las mujeres no menstruábamos nos decía que nos iba a poner una inyección pero que iba a ser "antes de ir a la cárcel". Escuché que les decía que les iba a poner esa inyección a Zulema Izurieta y a María Elena Romero la noche en que las sacaron de allí. Minutos después sentí como hablaban con la voz del que se esta durmiendo por efecto de la anestesia.