miércoles, 31 de agosto de 2016
Los disturbios de 1989 (entrevista)
Estos disturbios consistieron en una serie de manifestaciones y saqueos de supermercados, entre los meses de mayo y junio de 1989, durante los últimos meses de la presidencia de Raúl Ricardo Alfonsín. Los mismos fueron causados por la hiperinflación y la carencia de comida.
Víctima de estos hechos, fue José Giménez, dueño de un supermercado que se ubica en el centro de la localidad de Los Polvorines. “Ver a tus clientes que te roban. Ver a la Policía llenando sus camionetas de mercadería. Los mismos que deberían custodiarme me estaban robando. ¡La misma Policía me robaba!”.
“Recuerdo que me fui con un camión a cargar las mercaderías más caras y las pude salvar, cuando quise ir por el segundo viaje, el local ya estaba saqueado. Ni la caja registradora, ni los ventiladores de techo. No me dejaron nada”, cuenta José, sobre lo acontecido. “Yo estaba ahí, solo, llorando de impotencia. Los clientes de todos los días me estaban robando en la cara. Algunos se portaron diez puntos, me decían:«mirá, la máquina de cortar fiambre está en tal dirección, la registradora está en tal lado, el ventilador de techo lo tiene mengano». Me estaban arrastrando una heladera donde estaban los lácteos y la dejaron porque les dio un golpe de electricidad. Después estuve 30 días sin saber si abría o no abría. Pasaron los días y la cosa se calmó. Entré en una depresión total. Mucha de la mercadería que me habían robado la tenía paga y otra la debía. Tenía que pagar la que debía, comprar para armarme y, gracias a Dios, pude hacerlo”. “Si hoy estoy de pie es por mis empleados, que también pusieron el pecho a la situación”.
“Sentí mucha tristeza porque cuando llegué en 1985, con el súper fui ganándome un respeto en el barrio. Hacía cosas por los chicos, organizaba eventos para los días del niño, las fiestas, conseguía juguetes. Los domingos regalábamos chocolatada y sándwiches de batata y queso a los chicos que no habían faltado a la escuela. Teníamos buena llegada”, relata.
“Yo soy un laburante. No entiendo nada de política. Mi única política fue levantarme todos los días a las seis de la mañana y trabajar hasta la noche. Cuando ocurrieron esos saqueos fueron para que se vaya el presidente que estaba, si bien la situación social estaba difícil, a la gente la manejaron, pero no sé quién. Murió gente y a nosotros, los comerciantes, nos perjudicaron. Y todo, ¿para qué? Aceleraron los tiempos para que se fuera Alfonsín y nosotros pagamos el pato. Siempre está la política en el medio. Hoy, como está la gente, si volvieran a ocurrir los hechos como aquel diciembre, sería peor. La gente no iría solo contra los súper, iría contra todo: farmacias, casas de computación, verdulerías, joyerías. Como están cebados los muchachos y por la impunidad total que hay, sería terrible si volvieran a ocurrir hechos así”, afirma Giménez.
“Lo que sé es que yo presenté todos los papeles, las pruebas de los daños, el detalle de todo lo que me habían llevado. Llevé todo: las denuncias, las fotocopias, todo lo que me pidieron. No recibí un peso, lo mío no entró”, señala José.
Después del episodio durante ese año, Giménez entró en un cuadro depresivo, no sabía si continuar en el rubro. Agobiado por las deudas, buscó la manera de “volver a remarla”. “Salí adelante con mi gente, con empleados que están conmigo hace 30 años. Nunca tuve conflicto con el personal y ellos me ayudaron cuando hubo que poner el lomo, cuando hubo que cobrar el sueldo en cuatro veces. Estuvieron al pie del cañón y si me levanté fue por ellos también. También fue por tener «conducta comercial» porque si sos un garca, ¿quién te va a vender?”
En la actualidad, el hombre sigue con su comercio y espera que, hechos como los de aquel año, no vuelvan a suceder.
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