martes, 31 de mayo de 2016
miércoles, 18 de mayo de 2016
Sobreviviente de "La Escuelita"
"Mi nombre es Alicia Mabel Partnoy, argentina, nací en Bahía Blanca el 7 de Febrero de 1955, DNI 11.314.756,
El 19-9-74 contraje matrimonio con Carlos Samuel Sanabria, argentino nacido en Bahía Blanca el 15-9-53, con quien tuve una hija Ruth-Irupé, quien nació el 28-6-75. Estudiábamos en la Universidad Nacional del Sur (Bahía Blanca), yo en el departamento de Humanidades y mi esposo en Ingeniería, habiendo sido yo delegada de curso y ambos activistas de la Juventud Universitaria Peronista. En el momento de nuestra detención mi esposo estaba trabajando en un negocio de venta de neumáticos "Casa Cincotta".
El día 12 de enero de 1977 al mediodía, soy detenida por personal del ejercito uniformado, en mi domicilio de Canadá 240, Dto 2, Bahía Blanca; minutos después el mismo personal detiene a mi esposo en su local de trabajo. Se nos traslada al Comando del V Cuerpo de Ejercito y de allí a un campo de concentración: "La Escuelita". A partir de ese momento pasamos a ser por espacio de 5 meses, dos nombres más en la interminable lista de miles de detenidos-desaparecidos, víctimas de la dictadura militar argentina.
Permanecimos 3 meses y medio en "La Escuelita", sujetos a torturas físicas y psicológicas, acostados permanentemente. De allí el 25 de abril de 1977 somos trasladados a la cárcel de Villa Floresta (Bahía Blanca), donde por 52 días estamos totalmente incomunicados, separados y en celdas de castigo. A mediados de junio de 1977 -150 días después de la detención- el Poder Ejecutivo Nacional emite un decreto por el cual pasamos a estar a su disposición. A los pocos días de nuestra detención-desaparición, en el comando del V Cuerpo de Ejercito a mi familia le habían mostrado un papel supuestamente firmado por nosotros donde "declarábamos" haber sido puestos en libertad,'''
El 22 de agosto de 1977 mi esposo es trasladado a la cárcel de Rawson. Durante el traslado, esposado y vendado es objeto de golpes brutales. Permanece hasta octubre de 1979 en dicho establecimiento penal en condiciones infrahumanas de detención. Yo soy trasladada a Villa Devoto, esposada, vendada y sentada (con la cabeza entre las piernas) sobre el aparato de calefacción del avión en un viaje con Escalas que dura 10 horas.
A fines de 1979, luego de tres años de prisión se nos otorga el derecho a dejar el país y llegamos a Estados Unidos, Carlos el 22 de octubre y yo junto a mi pequeña hija el 23 de diciembre de 1979.
Este testimonio es una prueba más de la existencia de detenidos desaparecidos en Argentina y de la responsabilidad total que cabe a la Junta Militar en la realización de crímenes contra la humanidad.
Me uno al pedido de los familiares de las víctimas y del pueblo de mi país, que hoy reclaman el total esclarecimiento de la situación de los detenidos-desaparecidos:
Aparición con vida de los detenidos desaparecidos ;.
Aparición de los niños secuestrados y nacidos en cautiverio.
Juzgamiento y castigo de los culpables.
Responsabilizo al Gobierno Militar de Argentina por cualquier represalia que se tome sobre la persona o los bienes de mi familia que vive en el país.
Me constituyo en testigo de cargo y me responsabilizo por todo lo expuesto en este testimonio. Estoy dispuesta a declarar ante cualquier organismo que investigue la violación de los derechos humanos en mi país.
El que sigue es el relato de la pesadilla en que la Dictadura Militar Argentina nos sumió (a mí y a mí familia) por espacio de tres años. Si hemos podido salir vivos de ese infierno ha sido por la presión ejercida sobre el gobierno argentino desde dentro y fuera del país por todos aquellos (Personas u organismos) que luchan por la plena vigencia de:.la Constitución y los Derechos Humanos en mi tierra. Por eso, por los que todavía sufren en manos de quienes sangrientamente se apoderaron del gobierno de mi patria el 24-3-76, es que exhorto a no abandonar esta justa lucha por la vida y la libertad de miles de hombres, mujeres y niños argentinos.
Allí permanecimos, en lugares separados hasta la tarde, en que luego de tomarnos declaración con los ojos vendados y esposados fuimos del mismo modo; trasladados al Campo de concentración. Cuando bajé del vehículo en que me llevaron, pude distinguir gracias a que mi venda estaba un poco floja, la fachada de una vieja casa en cuyo frente se leía en grandes letras negras: A.A.A. (Alianza Anticomunista Argentina), grupo para policial responsable de numerosos secuestros, torturas y asesinatos y con el cual el ejército insiste en no tener relación.
Adentro de la casa, entre burlas, gritos y malos tratos, tomaron nota de la ropa que llevaba puesta y me robaron [ilegible] un anillo. Luego me preguntaron:
Militar: -¿Quiénes somos nosotros?
Yo: -El Ejército
Mil.: No, quién te detuvo?
Yo: -El Ejército
Mil.: -El Ejército te dejó en libertad y nosotros te agarramos - te encontramos en la calle.
Era 1977 y los militares hacían cínicos y absurdos esfuerzos por deslindar responsabilidades.
Me llevaron a una pieza y me obligaron a acostar sobre un colchón. Allí, con las manos atadas atrás, escuche durante toda la noche voces de hombres y mujeres: "Señor, agua", "Señor, quiero ir al baño", "Señor, pan". Nadie respondía. De a ratos entraba alguien y golpeaba a algunos, o gritaba insultos. Se oían quejidos.
Escuché durante toda la noche los gritos de mi marido en la tortura. Después supe que lo habían atado desnudo a una cama metálica y le habían aplicado electricidad (picana) en las sienes, las encías, el pecho, los testículos; supe que lo habían golpeado brutalmente. Luego me pareció escuchar sus quejidos entra habitación contigua, a la mañana, cuando me obligaron a levantarme descalza, pude ver - por un resquicio de abajo de la venda, - que él estaba tirado en el piso, también había sangre en el suelo y me hicieron pisarla.
Me llevaron a interrogar a la cocina, había allí unos cinco o seis militares, entre interrogadores y guardias. Me pusieron una picana al lado mientras gritaban "Máquina" (así llaman a la tortura con picana); con un arma me apuntaban en la sien y apretaban el gatillo. Decían que iban a matar a mi hija. Me golpearon y luego cínicamente me leyeron el testimonio de una mujer a la que habían torturado salvajemente. Me decían que ellos no me estaban haciendo nada de eso, que por lo tanto todo eso era mentira -yo sabia que no era mentira-. Pero luego hicieron venir a mi esposo para que me contara su tortura.
Casi no podía hablar porque tenía la boca llagada y la lengua lastimada de haberla mordido cuando le aplicaban electricidad. Después de golpearme y amenazarme con "hacerme jabón" (por ser judía),me hicieron volver a la habitación diciendome que en dos semanas me iban a venir a buscar de nuevo y me iban "a matar, si no te acordás de las cosas". Me sobresaltaba varias veces al día al oír el motor del auto de los torturadores, pensaba que venían a buscarme. Pasaron dos semanas y no volvieron.
Constaba de dos habitaciones donde se encontraban las camas cuchetas en las que permanecíamos acostados los prisioneros. Cuando llovía, el agua caía a chorros dentro de las piezas, empapándonos ya que no nos podíamos mover. El piso de esas habitaciones era de madera, con huecos y roturas; las paredes amarillentas y las ventanas, altas y con rejas coloniales tenían postigos verde oscuro. Siempre espiando por debajo de la venda podía ver desde mi cama la inscripción A.A.A. en la pared de una de las. piezas; había un pizarrón en la pared opuesta. En el medio de esas habitaciones había un balcón con piso de baldosas, donde se instalaba un guardia a controlar que no nos moviéramos ni habláramos.
También había allí una cama con un prisionero. Una reja clausuraba esa parte de la casa. Luego de un pasillo, venía la habitación de los guardias. La cocina y el baño (adonde a veces nos duchábamos). Se atravesaba una puerta para salir al patio, donde estaba la "sala de tortura", la letrina adonde nos llevaban a hacer nuestras necesidades y un aljibe que utilizaban para torturar colgando a las personas durante horas con el cuerpo sumergido allí. También había una casilla rodante donde dormían los guardias Luego agregaron una o dos casillas más para otros detenidos-desaparecidos.
Este es el plano aproximado del lugar. En más de 100 días, se dieron muchas oportunidades de espiar por debajo de la venda, a pesar de los algodones que nos colocaban, de la cinta adhesiva que nos pegaban a la piel o de los golpes que recibíamos ante la sospecha de que espiábamos. A pesar de que podría reconocer perfectamente el lugar si lo viera, hay algunas imprecisiones en el dibujo, sobre todo en lo que respecta a la ubicación de los lugares en el patio.
Estos jefes (aparentemente oficiales) estaban encargados de la tortura, en los interrogatorios, y también tomaban parte en los secuestros y traslados. Algunos guardias participaban en la tortura y en los operativos (secuestros) -de lo cual se vanagloriaban-, recibían a cambio dinero extra y ademas el beneficio de repartirse el "botín". Todos los guardias eran encargados de la diaria tortura física y sicológica consistente en el maltrato y la humillación permanente que luego describiré.
Había dos interrogadores (personal de Inteligencia) que aparentemente supervisaban el "trabajo" de los jefes de turno y que venían imprevistamente o cuando habla nuevos secuestrados. Cada tanto venían comitivas especiales, precedidas por un estado de nerviosismo de los guardias -que en esas oportunidades limpiaban el piso-. En una de esas recorridas pude ver -por un resquicio de la venda- un par de botas militares y parte de un pantalón verde oliva. De todos modos el ruido de las botas sonaba aterrador sobre el piso de madera -aún antes de haberlas visto- (Tanto los guardias como los jefes usaban ropa civil, esmerándose en que su calzado fuera silencioso para que nunca tuviéramos exacta noción de donde se encontraban). También había un "médico" o enfermero en el último tiempo.
Los turnos de guardia se distribuían de la siguiente manera: 3 grupos de 4 Cada grupo tenía un día de turno, un dúa de descanso (en que estaban autorizados a salir del lugar) y un día de "retén" en que se quedaban a reforzar la guardia en caso necesario. El grupo de refuerzo era el encargado de ir a buscar la comida al comando. El grupo diario rotaba en los siguientes puestos: Uno adentro de las piezas, uno en el pasillo, uno en la qarita de afuera y el cuarto móvil. Luego de meses de estar atenta a los ruidos y a las voces, y a las conversaciones que podía captar entre ellos, pude darme cuenta de cuantos eran y como se organizaban. Todos se llamaban entre ellos por sobrenombres; las descripciones físicas aproximadas puedo darlas gracias a lo que espíe bajo la venda floja y a que en las pocas oportunidades en que nos podíamos bañar ellos se colocaban una capucha negra al quitarnos la venda.
Obligados a estar acostados, a veces inmóviles o boca abajo durante largas horas, con los ojos vendados y las muñecas atadas fuertemente (en los hombres se solía utilizar esposas). Cubiertos con una sucia manta cuanto las temperatura alcanzaba varios grados bajo cero, éramos obligados a cubrirnos hasta la cabeza cuando el calor era fuerte.
La venda en los ojos era fuertemente ajustada, aunque en oportunidades pasaban guardias que no las ajustaban lo cual era usado como excusa en la guardia siguiente para pegarnos "Por no avisar" Frecuentemente nos tapaban también los oídos con la venda. Muchas veces se nos permitía hacer nuestras necesidades una sola vez por día y luego de muchas horas de pedirlo. Otras veces los guardias nos ofrecían llevarnos al baño pero eran tantos los golpes, empujones y malos tratos que recibíamos en el trayecto que preferíamos no ir.
En una de esas idas al baño me rompieron un diente empujandome contra la reja que cerraba la entrada a las habitaciones. Otras veces nos hacían formar un "trencito"; entraban a gritos en las habitaciones, golpeándonos con un garrote de goma nos apuraban a que nos pusiéramos los zapatos, que buscábamos a tientas alrededor de la cama. Luego nos hacían formar en hileras de 4 ó 5, tomados unos de las ropas de los otros, a veces podíamos tomar la mano de alguien, ellos no lo sabían y su propósito era humillarnos y reírse de nosotros, pero ese contacto con una mano solidaria nos reconfortaba. El baño en cuestión era una letrina sin puertas, en el patio. Mientras hacíamos nuestras necesidades eramos observados por los guardias que nos insultaban. Estábamos tan debilitados que nos desmayábamos muy frecuentemente cuando nos levantábamos para ir al baño.
Estábamos muy sucios, nos bañábamos cada 20 días y en el transcurso no se nos permitía lavarnos las manos, con las que solíamos comer muchas veces a falta de cubiertos. Nos echaban polvos insecticidas tóxicos sobre el cuerpo y el cabello "para combatir pulgas y chinches". Mientras nos bañábamos eramos observadas por los guardias encapuchados, luego del baño, nos volvíamos a colocar la misma ropa sucia. A veces, cuando saqueaban las casas solían traer algunas ropas al "campo"' y una vez obligaron a todos los hombres a vestir camisones de mujer y vestidos mientras se secaban sus pantalones. El objetivo era humillarlos. En días muy fríos solían bañar a los hombres con una manguera en el patio, como a los animales.
La comida consistía en almuerzo a la 1 (13 horas) y cena a las 7 (19 horas); o sea que durante 18 horas seguidas no probábamos bocado. Vivíamos con hambre permanentemente. Yo adelgacé 10 kg. llegando a pesar 45 kg. (mido 1,64 m). A la comida escasa, falta total de azúcares y frutas, se sumaba el hecho de que la situación de "stress" permanente hacía que nuestro organismo consumiera mayor cantidad de calorías. Solíamos temblar durante horas de frío, a veces en verano. Comíamos nuestro plato de comida con los ojos vendados, sentados en la cama y con el plato sobre la falda, apoyado en la almohada. Cuando había sopa o guisos líquidos los golpes eran permanentes porque los guardias pretendían que mantuviéramos el plato derecho, cosa imposible con los ojos vendados.
Cuando teníamos sed podíamos pedir agua durante horas sin obtener más respuesta que amenazas o golpes. Hablar estaba prohibido y era castigado con golpes de cachiporra de goma, puñetazos o quitándosenos el colchón. Una vez que me encontraron hablando me llevaron a los empujones hasta la cocina, me obligaron a desnudarme y a colocarme bajo una gota de agua que caía por un agujero del techo, ya que estaba lloviendo. Estuve media hora parada allí y luego me pegaron fuertes patadas. Ea otra oportunidad, me colocaron en la misma pieza con mi esposo después de 3 meses de no vernos.
Luego de dos días de escuchar atentamente tratando de encontrar un momento para hablar, creíamos que no nos observaban y alcanzamos a cruzar algunas palabras, pero nos estaban escuchando: fuímos brutalmente golpeados y por supuesto separados de habitación. Nunca voy a olvidarme del día de mí cumpleaños, el 7 de febrero: me permitieron sentar en la cama; también había música ese día: estaban torturando a Carlos Mario D'Ilaqua y a Hugo Pvonpíndal y pretendía tapar los gritos con el ruido de la radio.
Cuando detenían a gente nueva solían traer buena comida, nos decían que: "debíamos estar contentos" en esas oportunidades. El día en que detuvieron a "Benjamín" -un muchacho de 17 años- nos habían traído un trozo de queso para la cena. Benjamín -casi un niño- fue brutalmente golpeado; después de tenerlo todo el día sin comer, alternativamente colgado de los brazos y sumergido en el pozo de agua y parado al sol, lo trajeron a nuestra habitación. Allí le ataron las manos a los pies de mi cucheta (yo estaba en la cama de arriba). Toda la noche estuvo allí parado y desnudo, recibiendo los golpes de los guardias que entraban a cada rato diciendo que "estaban aburridos" y "querían boxear un poco".
Lo golpeaban en el estómago y caía, quedando colgado de las manos; lo obligaban a levantarse y lo volvían a golpear. En un intervalo alcancé a pasarle unos trozos de queso y de pan por debajo de la manta: debía colocármelos entre los dedos de los pies y alcanzárselos hasta su mano, ya que de otro modo nos podían descubrir.
E1 clima de violencia era permanente, nos amenazaban constantemente gatillando sus armas en nuestra cabeza o boca. Una vez, a uno de los guardias que estaba parado enfrente de mi cucheta se le escapó un tiro adentro de la habitación, podía haber sido fatal.
Había cosas insólitas: un día nos trajeron a todos cepillos de dientes y pasta dental, no teníamos nada, casi no nos bañábamos y a duras penas nos llevaban al baño, ¿nos dejarían lavar los dientes? Un día cuando nos llevaron al baño nos dieron un vaso de agua para que nos laváramos los dientes, yo no pude resistir unos minutos más parada y me desmayé. A los dos días nos quitaron todo: la pasta dental era de los Laboratorios del Ejercito Argentino.
En los últimos tiempos trajeron un médico o enfermero que venía a preguntarnos como estábamos: como las mujeres no menstruábamos nos decía que nos iba a poner una inyección pero que iba a ser "antes de ir a la cárcel". Escuché que les decía que les iba a poner esa inyección a Zulema Izurieta y a María Elena Romero la noche en que las sacaron de allí. Minutos después sentí como hablaban con la voz del que se esta durmiendo por efecto de la anestesia.
El 19-9-74 contraje matrimonio con Carlos Samuel Sanabria, argentino nacido en Bahía Blanca el 15-9-53, con quien tuve una hija Ruth-Irupé, quien nació el 28-6-75. Estudiábamos en la Universidad Nacional del Sur (Bahía Blanca), yo en el departamento de Humanidades y mi esposo en Ingeniería, habiendo sido yo delegada de curso y ambos activistas de la Juventud Universitaria Peronista. En el momento de nuestra detención mi esposo estaba trabajando en un negocio de venta de neumáticos "Casa Cincotta".
El día 12 de enero de 1977 al mediodía, soy detenida por personal del ejercito uniformado, en mi domicilio de Canadá 240, Dto 2, Bahía Blanca; minutos después el mismo personal detiene a mi esposo en su local de trabajo. Se nos traslada al Comando del V Cuerpo de Ejercito y de allí a un campo de concentración: "La Escuelita". A partir de ese momento pasamos a ser por espacio de 5 meses, dos nombres más en la interminable lista de miles de detenidos-desaparecidos, víctimas de la dictadura militar argentina.
Permanecimos 3 meses y medio en "La Escuelita", sujetos a torturas físicas y psicológicas, acostados permanentemente. De allí el 25 de abril de 1977 somos trasladados a la cárcel de Villa Floresta (Bahía Blanca), donde por 52 días estamos totalmente incomunicados, separados y en celdas de castigo. A mediados de junio de 1977 -150 días después de la detención- el Poder Ejecutivo Nacional emite un decreto por el cual pasamos a estar a su disposición. A los pocos días de nuestra detención-desaparición, en el comando del V Cuerpo de Ejercito a mi familia le habían mostrado un papel supuestamente firmado por nosotros donde "declarábamos" haber sido puestos en libertad,'''
El 22 de agosto de 1977 mi esposo es trasladado a la cárcel de Rawson. Durante el traslado, esposado y vendado es objeto de golpes brutales. Permanece hasta octubre de 1979 en dicho establecimiento penal en condiciones infrahumanas de detención. Yo soy trasladada a Villa Devoto, esposada, vendada y sentada (con la cabeza entre las piernas) sobre el aparato de calefacción del avión en un viaje con Escalas que dura 10 horas.
A fines de 1979, luego de tres años de prisión se nos otorga el derecho a dejar el país y llegamos a Estados Unidos, Carlos el 22 de octubre y yo junto a mi pequeña hija el 23 de diciembre de 1979.
Este testimonio es una prueba más de la existencia de detenidos desaparecidos en Argentina y de la responsabilidad total que cabe a la Junta Militar en la realización de crímenes contra la humanidad.
Me uno al pedido de los familiares de las víctimas y del pueblo de mi país, que hoy reclaman el total esclarecimiento de la situación de los detenidos-desaparecidos:
Aparición con vida de los detenidos desaparecidos ;.
Aparición de los niños secuestrados y nacidos en cautiverio.
Juzgamiento y castigo de los culpables.
Responsabilizo al Gobierno Militar de Argentina por cualquier represalia que se tome sobre la persona o los bienes de mi familia que vive en el país.
Me constituyo en testigo de cargo y me responsabilizo por todo lo expuesto en este testimonio. Estoy dispuesta a declarar ante cualquier organismo que investigue la violación de los derechos humanos en mi país.
El que sigue es el relato de la pesadilla en que la Dictadura Militar Argentina nos sumió (a mí y a mí familia) por espacio de tres años. Si hemos podido salir vivos de ese infierno ha sido por la presión ejercida sobre el gobierno argentino desde dentro y fuera del país por todos aquellos (Personas u organismos) que luchan por la plena vigencia de:.la Constitución y los Derechos Humanos en mi tierra. Por eso, por los que todavía sufren en manos de quienes sangrientamente se apoderaron del gobierno de mi patria el 24-3-76, es que exhorto a no abandonar esta justa lucha por la vida y la libertad de miles de hombres, mujeres y niños argentinos.
Detención y tortura.
El 12 de enero de 1977, me encontraba en mi casa con mi hija Ruth Irupé (de un año y medio), cuando escuché que sonaba insistentemente el timbre de calle. Era mediodía. Caminé los 30 metros de pasillo que separaban mi departamento de la puerta principal. Cuando llegué alguien estaba pateando con fuerza la puerta. Pregunté: ¿quién es? y me respondieron: Ejército; mientras seguían golpeando. En ese momento recordé los miles de asesinatos, desapariciones y torturas, que desde hacía casi un año venía perpetrando el ejército. Solo atiné a tratar de escapar y corrí por el pasillo saltando el paredón trasero de la casa. Entonces me dispararon desde uno de los techos vecinos. Mi hija, que me había seguido por el pasillo rumbo a la puerta, rompió a llorar. No pude verla ni supe que habían hecho con ella hasta cinco meses después. Ni siquiera supe si esa bala la había alcanzado. Entre cinco soldados me metieron a la fuerza en el camión del ejército. Ante los reclamos por mi hija sólo recuerdo la mirada de odio del que debía ser el jefe de la operación. Había al menos tres vehículos militares en la cuadra y se había obligado a los vecinos a permanecer dentro de las casas. Toda la comitiva se dirigió al lugar de trabajo de mi esposo, a unas 15 cuadras de nuestro domicilio y allí lo detuvieron, llevándonos a ambos al Comando del V Cuerpo de Ejercito, sede del Ejército en Bahía Blanca.Allí permanecimos, en lugares separados hasta la tarde, en que luego de tomarnos declaración con los ojos vendados y esposados fuimos del mismo modo; trasladados al Campo de concentración. Cuando bajé del vehículo en que me llevaron, pude distinguir gracias a que mi venda estaba un poco floja, la fachada de una vieja casa en cuyo frente se leía en grandes letras negras: A.A.A. (Alianza Anticomunista Argentina), grupo para policial responsable de numerosos secuestros, torturas y asesinatos y con el cual el ejército insiste en no tener relación.
Adentro de la casa, entre burlas, gritos y malos tratos, tomaron nota de la ropa que llevaba puesta y me robaron [ilegible] un anillo. Luego me preguntaron:
Militar: -¿Quiénes somos nosotros?
Yo: -El Ejército
Mil.: No, quién te detuvo?
Yo: -El Ejército
Mil.: -El Ejército te dejó en libertad y nosotros te agarramos - te encontramos en la calle.
Era 1977 y los militares hacían cínicos y absurdos esfuerzos por deslindar responsabilidades.
Me llevaron a una pieza y me obligaron a acostar sobre un colchón. Allí, con las manos atadas atrás, escuche durante toda la noche voces de hombres y mujeres: "Señor, agua", "Señor, quiero ir al baño", "Señor, pan". Nadie respondía. De a ratos entraba alguien y golpeaba a algunos, o gritaba insultos. Se oían quejidos.
Escuché durante toda la noche los gritos de mi marido en la tortura. Después supe que lo habían atado desnudo a una cama metálica y le habían aplicado electricidad (picana) en las sienes, las encías, el pecho, los testículos; supe que lo habían golpeado brutalmente. Luego me pareció escuchar sus quejidos entra habitación contigua, a la mañana, cuando me obligaron a levantarme descalza, pude ver - por un resquicio de abajo de la venda, - que él estaba tirado en el piso, también había sangre en el suelo y me hicieron pisarla.
Me llevaron a interrogar a la cocina, había allí unos cinco o seis militares, entre interrogadores y guardias. Me pusieron una picana al lado mientras gritaban "Máquina" (así llaman a la tortura con picana); con un arma me apuntaban en la sien y apretaban el gatillo. Decían que iban a matar a mi hija. Me golpearon y luego cínicamente me leyeron el testimonio de una mujer a la que habían torturado salvajemente. Me decían que ellos no me estaban haciendo nada de eso, que por lo tanto todo eso era mentira -yo sabia que no era mentira-. Pero luego hicieron venir a mi esposo para que me contara su tortura.
Casi no podía hablar porque tenía la boca llagada y la lengua lastimada de haberla mordido cuando le aplicaban electricidad. Después de golpearme y amenazarme con "hacerme jabón" (por ser judía),me hicieron volver a la habitación diciendome que en dos semanas me iban a venir a buscar de nuevo y me iban "a matar, si no te acordás de las cosas". Me sobresaltaba varias veces al día al oír el motor del auto de los torturadores, pensaba que venían a buscarme. Pasaron dos semanas y no volvieron.
Descripción de "La Escuelita".
La vieja casa donde funcionaba el campo de concentración esta ubicada atrás del Comando del V Cuerpo de Ejército a unas 15 cuadras de un motel alojamiento llamado "Tú y Yo", sobre el "camino de la Carrindanga" (camino de cintura). El lugar es llamado por los militares "Sicofe". Esta cerca de una vía del ferrocarril, se podía oír el paso de los trenes, los tiros de práctica del Comando de Ejército y el mugido de vacas.Constaba de dos habitaciones donde se encontraban las camas cuchetas en las que permanecíamos acostados los prisioneros. Cuando llovía, el agua caía a chorros dentro de las piezas, empapándonos ya que no nos podíamos mover. El piso de esas habitaciones era de madera, con huecos y roturas; las paredes amarillentas y las ventanas, altas y con rejas coloniales tenían postigos verde oscuro. Siempre espiando por debajo de la venda podía ver desde mi cama la inscripción A.A.A. en la pared de una de las. piezas; había un pizarrón en la pared opuesta. En el medio de esas habitaciones había un balcón con piso de baldosas, donde se instalaba un guardia a controlar que no nos moviéramos ni habláramos.
También había allí una cama con un prisionero. Una reja clausuraba esa parte de la casa. Luego de un pasillo, venía la habitación de los guardias. La cocina y el baño (adonde a veces nos duchábamos). Se atravesaba una puerta para salir al patio, donde estaba la "sala de tortura", la letrina adonde nos llevaban a hacer nuestras necesidades y un aljibe que utilizaban para torturar colgando a las personas durante horas con el cuerpo sumergido allí. También había una casilla rodante donde dormían los guardias Luego agregaron una o dos casillas más para otros detenidos-desaparecidos.
Este es el plano aproximado del lugar. En más de 100 días, se dieron muchas oportunidades de espiar por debajo de la venda, a pesar de los algodones que nos colocaban, de la cinta adhesiva que nos pegaban a la piel o de los golpes que recibíamos ante la sospecha de que espiábamos. A pesar de que podría reconocer perfectamente el lugar si lo viera, hay algunas imprecisiones en el dibujo, sobre todo en lo que respecta a la ubicación de los lugares en el patio.
Personal.
La guardia estaba compuesta en su mayor parte por personal de Gendarmería Nacional. Había dos turnos de 12 guardias cada uno, que con algunas variaciones debidas a sus cambios de destino, custodiaban a los detenidos-desaparecidos por intervalo de dos meses cada turno. Había dos jefes de turno permanentes que controlaban día por medio el "campo".Estos jefes (aparentemente oficiales) estaban encargados de la tortura, en los interrogatorios, y también tomaban parte en los secuestros y traslados. Algunos guardias participaban en la tortura y en los operativos (secuestros) -de lo cual se vanagloriaban-, recibían a cambio dinero extra y ademas el beneficio de repartirse el "botín". Todos los guardias eran encargados de la diaria tortura física y sicológica consistente en el maltrato y la humillación permanente que luego describiré.
Había dos interrogadores (personal de Inteligencia) que aparentemente supervisaban el "trabajo" de los jefes de turno y que venían imprevistamente o cuando habla nuevos secuestrados. Cada tanto venían comitivas especiales, precedidas por un estado de nerviosismo de los guardias -que en esas oportunidades limpiaban el piso-. En una de esas recorridas pude ver -por un resquicio de la venda- un par de botas militares y parte de un pantalón verde oliva. De todos modos el ruido de las botas sonaba aterrador sobre el piso de madera -aún antes de haberlas visto- (Tanto los guardias como los jefes usaban ropa civil, esmerándose en que su calzado fuera silencioso para que nunca tuviéramos exacta noción de donde se encontraban). También había un "médico" o enfermero en el último tiempo.
Los turnos de guardia se distribuían de la siguiente manera: 3 grupos de 4 Cada grupo tenía un día de turno, un dúa de descanso (en que estaban autorizados a salir del lugar) y un día de "retén" en que se quedaban a reforzar la guardia en caso necesario. El grupo de refuerzo era el encargado de ir a buscar la comida al comando. El grupo diario rotaba en los siguientes puestos: Uno adentro de las piezas, uno en el pasillo, uno en la qarita de afuera y el cuarto móvil. Luego de meses de estar atenta a los ruidos y a las voces, y a las conversaciones que podía captar entre ellos, pude darme cuenta de cuantos eran y como se organizaban. Todos se llamaban entre ellos por sobrenombres; las descripciones físicas aproximadas puedo darlas gracias a lo que espíe bajo la venda floja y a que en las pocas oportunidades en que nos podíamos bañar ellos se colocaban una capucha negra al quitarnos la venda.
Condiciones de vida en "La Escuelita".
Un promedio de unas quince personas sobrevivíamos en condiciones infrahumanas, donde a la incertidumbre sobre nuestro destino-final y el temor permanente a la muerte -que se prolongaba por largos meses- se sumaban la tortura física y la carencia de las cosas mas elementales para cubrir las necesidades humanas.Obligados a estar acostados, a veces inmóviles o boca abajo durante largas horas, con los ojos vendados y las muñecas atadas fuertemente (en los hombres se solía utilizar esposas). Cubiertos con una sucia manta cuanto las temperatura alcanzaba varios grados bajo cero, éramos obligados a cubrirnos hasta la cabeza cuando el calor era fuerte.
La venda en los ojos era fuertemente ajustada, aunque en oportunidades pasaban guardias que no las ajustaban lo cual era usado como excusa en la guardia siguiente para pegarnos "Por no avisar" Frecuentemente nos tapaban también los oídos con la venda. Muchas veces se nos permitía hacer nuestras necesidades una sola vez por día y luego de muchas horas de pedirlo. Otras veces los guardias nos ofrecían llevarnos al baño pero eran tantos los golpes, empujones y malos tratos que recibíamos en el trayecto que preferíamos no ir.
En una de esas idas al baño me rompieron un diente empujandome contra la reja que cerraba la entrada a las habitaciones. Otras veces nos hacían formar un "trencito"; entraban a gritos en las habitaciones, golpeándonos con un garrote de goma nos apuraban a que nos pusiéramos los zapatos, que buscábamos a tientas alrededor de la cama. Luego nos hacían formar en hileras de 4 ó 5, tomados unos de las ropas de los otros, a veces podíamos tomar la mano de alguien, ellos no lo sabían y su propósito era humillarnos y reírse de nosotros, pero ese contacto con una mano solidaria nos reconfortaba. El baño en cuestión era una letrina sin puertas, en el patio. Mientras hacíamos nuestras necesidades eramos observados por los guardias que nos insultaban. Estábamos tan debilitados que nos desmayábamos muy frecuentemente cuando nos levantábamos para ir al baño.
Estábamos muy sucios, nos bañábamos cada 20 días y en el transcurso no se nos permitía lavarnos las manos, con las que solíamos comer muchas veces a falta de cubiertos. Nos echaban polvos insecticidas tóxicos sobre el cuerpo y el cabello "para combatir pulgas y chinches". Mientras nos bañábamos eramos observadas por los guardias encapuchados, luego del baño, nos volvíamos a colocar la misma ropa sucia. A veces, cuando saqueaban las casas solían traer algunas ropas al "campo"' y una vez obligaron a todos los hombres a vestir camisones de mujer y vestidos mientras se secaban sus pantalones. El objetivo era humillarlos. En días muy fríos solían bañar a los hombres con una manguera en el patio, como a los animales.
La comida consistía en almuerzo a la 1 (13 horas) y cena a las 7 (19 horas); o sea que durante 18 horas seguidas no probábamos bocado. Vivíamos con hambre permanentemente. Yo adelgacé 10 kg. llegando a pesar 45 kg. (mido 1,64 m). A la comida escasa, falta total de azúcares y frutas, se sumaba el hecho de que la situación de "stress" permanente hacía que nuestro organismo consumiera mayor cantidad de calorías. Solíamos temblar durante horas de frío, a veces en verano. Comíamos nuestro plato de comida con los ojos vendados, sentados en la cama y con el plato sobre la falda, apoyado en la almohada. Cuando había sopa o guisos líquidos los golpes eran permanentes porque los guardias pretendían que mantuviéramos el plato derecho, cosa imposible con los ojos vendados.
Cuando teníamos sed podíamos pedir agua durante horas sin obtener más respuesta que amenazas o golpes. Hablar estaba prohibido y era castigado con golpes de cachiporra de goma, puñetazos o quitándosenos el colchón. Una vez que me encontraron hablando me llevaron a los empujones hasta la cocina, me obligaron a desnudarme y a colocarme bajo una gota de agua que caía por un agujero del techo, ya que estaba lloviendo. Estuve media hora parada allí y luego me pegaron fuertes patadas. Ea otra oportunidad, me colocaron en la misma pieza con mi esposo después de 3 meses de no vernos.
Luego de dos días de escuchar atentamente tratando de encontrar un momento para hablar, creíamos que no nos observaban y alcanzamos a cruzar algunas palabras, pero nos estaban escuchando: fuímos brutalmente golpeados y por supuesto separados de habitación. Nunca voy a olvidarme del día de mí cumpleaños, el 7 de febrero: me permitieron sentar en la cama; también había música ese día: estaban torturando a Carlos Mario D'Ilaqua y a Hugo Pvonpíndal y pretendía tapar los gritos con el ruido de la radio.
Cuando detenían a gente nueva solían traer buena comida, nos decían que: "debíamos estar contentos" en esas oportunidades. El día en que detuvieron a "Benjamín" -un muchacho de 17 años- nos habían traído un trozo de queso para la cena. Benjamín -casi un niño- fue brutalmente golpeado; después de tenerlo todo el día sin comer, alternativamente colgado de los brazos y sumergido en el pozo de agua y parado al sol, lo trajeron a nuestra habitación. Allí le ataron las manos a los pies de mi cucheta (yo estaba en la cama de arriba). Toda la noche estuvo allí parado y desnudo, recibiendo los golpes de los guardias que entraban a cada rato diciendo que "estaban aburridos" y "querían boxear un poco".
Lo golpeaban en el estómago y caía, quedando colgado de las manos; lo obligaban a levantarse y lo volvían a golpear. En un intervalo alcancé a pasarle unos trozos de queso y de pan por debajo de la manta: debía colocármelos entre los dedos de los pies y alcanzárselos hasta su mano, ya que de otro modo nos podían descubrir.
E1 clima de violencia era permanente, nos amenazaban constantemente gatillando sus armas en nuestra cabeza o boca. Una vez, a uno de los guardias que estaba parado enfrente de mi cucheta se le escapó un tiro adentro de la habitación, podía haber sido fatal.
Había cosas insólitas: un día nos trajeron a todos cepillos de dientes y pasta dental, no teníamos nada, casi no nos bañábamos y a duras penas nos llevaban al baño, ¿nos dejarían lavar los dientes? Un día cuando nos llevaron al baño nos dieron un vaso de agua para que nos laváramos los dientes, yo no pude resistir unos minutos más parada y me desmayé. A los dos días nos quitaron todo: la pasta dental era de los Laboratorios del Ejercito Argentino.
En los últimos tiempos trajeron un médico o enfermero que venía a preguntarnos como estábamos: como las mujeres no menstruábamos nos decía que nos iba a poner una inyección pero que iba a ser "antes de ir a la cárcel". Escuché que les decía que les iba a poner esa inyección a Zulema Izurieta y a María Elena Romero la noche en que las sacaron de allí. Minutos después sentí como hablaban con la voz del que se esta durmiendo por efecto de la anestesia.
Mostramos al mundo como somos los Argentinos.
"Mostramos al mundo, cómo somos los argentinos", decía una publicidad del gobierno militar para el Mundial de Fútbol en 1978. En Europa, no se esperó a la Junta de Videla ni a su propaganda para averiguar y formarse opinión sobre la situación que se vivía en la Argentina.
En 1978, el nivel de información sobre el terrorismo de Estado era "bastante bueno". Los militantes exiliados, los familiares, abogados y activistas de los derechos humanos, como Gustavo Roca por ejemplo, aseguraban la comunicación entre América y Europa; sólo faltaba un medio para que se difundiera en el gran público, tanto en Argentina como en el exterior.
François Gèze, un joven ingeniero francés decidió armar una campaña para decir que Francia no tenía que ir a Buenos Aires para el Mundial" . El comité sumaba unas 40 personas que vinieron todas de forma independiente. Pronto, se crearon 200 comités más en toda Francia.
La campaña de boicot -"sin celular, ni internet" en aquella época- se extendió en los medios y a través de carteles, boletines, grabaciones musicales y documentos fílmicos. Personalidades del ámbito de la cultura, como Yves Montand, apoyaron la movida mientras que el mundo deportivo rechazó el boicot. "Muchos no querían saber nada"
L'Équipe, el diario especializado más leído de Francia, apoyó por "razones deportivas" la realización del Mundial.
Si bien el tema era la Argentina, la campaña estuvo hecha por y para europeos. En 1978, unos treinta años después del Holocausto judío, la temática de los campos de concentración impactaba fuertemente al público desde los carteles. "La dictadura argentina era denunciada como "fascista"; Videla era asimilado a Hitler"
"Evidentemente, estos tópicos discursivos formaban parte del imaginario europeo para el cual el fascismo y el nazismo eran marcos de referencia obligados del autoritarismo y la violencia y por tanto movilizadores fáciles y efectivos en una campaña de este tipo"
"Fue una cosa increíble", recuerda Gèze, en relación al efecto de la campaña. Porque aunque la selección francesa fue de todos modos a competir por la Copa en Argentina, el impacto en la opinión pública creó un precedente. Al año siguiente, en 1979, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) visitó Argentina tras tres años de recibir "avalanchas de reclamos" por parte de las víctimas y familiares de desaparecidos y presos políticos.
Si bien no se pudo lograr ninguna acción de justicia inmediata como consecuencia de la visita, los documentos y testimonios recogidos fueron material, años después, para el Nunca Más.
La Junta, que pensaba legitimarse con el Mundial y mostrar una buena imagen, tuvo que contestar el "ataque" que calificaba de "campaña antiargentina". En 1979, el ministro del Interior, general Albano Harguindeguy, ordenó imprimir 250.000 calcomanías autoadhesivas, en dos tamaños, con el lema "Los argentinos somos derechos y humanos". La etiqueta se pegaba en los autos que circulaban por las calles de Argentina, como rechazo de las acusaciones de violación de los derechos humanos.
El Golpe y la Censura.
El gobierno de facto se encargó entre tantas cosas, de todos los medios de comunicación masivos, imponiendo sus ideologías sin dar lugar al resto, dejando así a la libertad de expresión como un simple mito. Es así que los medios colaboraron a que la sociedad piense que el golpe era la única alternativa para salir de la crisis.
Fue una época caracterizada por la censura en muchos aspectos: se cerraron facultades por considerarse subversivas, se levantaron programas de televisión, se prohibieron cualquier tipo de actividad política y hubieron allanamientos de sindicatos. Esta Fuerte Censura llegó también al Rock Nacional, causando la peor crisis editorial del rock del país.
El Golpe de Estado de 1976, significó la implementación de censuras a la libertad de expresión, forzando a los creadores de arte y cultura de nuestro país, a trabajar en la clandestinidad.
El nivel de esta censura quedó muy claro en la emisión del Comunicado N° 19:
“Se comunica a la población que la Junta de Comandantes Generales ha resuelto que sea reprimido con la pena de reclusión por tiempo indeterminado el que por cualquier medio difundiere, divulgare o propagare comunicados o imágenes provenientes o atribuidas a asociaciones ilícitas o personas o grupos notoriamente dedicados a actividades subversivas o al terrorismo. Será reprimido con reclusión de hasta diez años, el que por cualquier medio difundiere, divulgare o propagare noticias, comunicados o imágenes, con el propósito de perturbar, perjudicar o desprestigiar las actividades de las Fuerzas Armadas, de Seguridad o Policiales.” (Diario "La Prensa", 24 de marzo de 1976).
Fue una época caracterizada por la censura en muchos aspectos: se cerraron facultades por considerarse subversivas, se levantaron programas de televisión, se prohibieron cualquier tipo de actividad política y hubieron allanamientos de sindicatos. Esta Fuerte Censura llegó también al Rock Nacional, causando la peor crisis editorial del rock del país.
El Golpe de Estado de 1976, significó la implementación de censuras a la libertad de expresión, forzando a los creadores de arte y cultura de nuestro país, a trabajar en la clandestinidad.
El nivel de esta censura quedó muy claro en la emisión del Comunicado N° 19:
“Se comunica a la población que la Junta de Comandantes Generales ha resuelto que sea reprimido con la pena de reclusión por tiempo indeterminado el que por cualquier medio difundiere, divulgare o propagare comunicados o imágenes provenientes o atribuidas a asociaciones ilícitas o personas o grupos notoriamente dedicados a actividades subversivas o al terrorismo. Será reprimido con reclusión de hasta diez años, el que por cualquier medio difundiere, divulgare o propagare noticias, comunicados o imágenes, con el propósito de perturbar, perjudicar o desprestigiar las actividades de las Fuerzas Armadas, de Seguridad o Policiales.” (Diario "La Prensa", 24 de marzo de 1976).
Sobreviviente de "La Cacha"
Testimonio de María Laura Bretal Sobreviviente de "La Cacha"
"El día miércoles 5 de mayo de 1978 a las 22.30 hs llego a mi domicilio de la ciudad de Ensenada ( a 150 metros de la Comisaría Seccional Ensenada de la Policía de la Provincia de Buenos Aires) con mi hija Juliana de 3 años de edad. A la media hora rodean el lugar de tres a cuatro automóviles presuntamente civiles, e irrumpe en mi domicilio un grupo de diez individuos fuertemente armados, disfrazados con pelucas, máscaras y medias de mujer en la cabeza. Dicen pertenecer a la Policía Federal Argentina y Fuerzas Armadas Argentinas, ingresan por la fuerza a mi casa, requisan las habitaciones, saquean y roban objetos y me secuestran conjuntamente con mi hija. A pesar de manifestarles mi estado de gravidez de cuatro meses, soy igualmente maltratada e introducida brutalmente en el asiento posterior de uno de los autos, entre dos inidividuos armados que me encapuchan y encañonándome con sus armas. Mi hija es ubicada en el asiento delantero en brazos de uno de estos siniestros personajes. A los cinco minutos de marcha, a través del relato infantil de la descripción de la ruta que mi hija hacía, me percato de estar en la calle 126 y 43 (próximo a la ciudad de La Plata) en donde me hacen despedir de mi hija que es introducida en otro de los vehículos. Ante mi desesperación por su destino sólo recibo más golpes, insultos y humillantes amenazas.
Meses después cuando me liberan, me entero lo sucedido con mi hija Juliana: los secuestradores retornaron con ella a mi domicilio, la durmieron con algún somnífero o de un golpe, ya que apareció con una herida en el labio, robaron a su paso lo que pudieron, cerraron la casa arrojando la llave en la vereda y avisaron a las tres de la madrugada a mi abuela de 80 años que la niña estaba sola y abandonada en la casa. Al día siguiente mi hijita Juliana con su labio lastimado contó que " unos señores malos se llevaron a mi mamá".
Mi secuestro y viaje en auto continúa una media hora más, pasamos un puesto de control y llegamos al Campo Clandestino de Detención, que después me entero era "La Cacha" o "Cachavacha, llamado así por un personaje de cuentos infantiles, la Bruja Cachavacha, que hacía desaparecer personas.
Soy encerrada en una habitación a la llamaban "laboratorio" que era la sala de torturas, en la que hay una cama con bastidor elástico de metal ("la Parrilla"), una mesa, una silla, un balde para las necesidades, un tablero , una mesa para la "picana eléctrica", ganchos y sogas para colgar personas en las paredes, sangre en las paredes y otros elementos de tortura que no identifico.
Durante una semana permanezco en esa habitación macabra, sin ningún contacto con el mundo, sólo escucho ladridos de perro, el paso de uno o dos ferrocarriles por día y los pasos de los torturadores. Se suceden largas sesiones de golpiza e interrogatorios sobre mis actividades docentes, políticas y sindicales. Participan siempre dos torturadores: el "bueno" y el "malo". Mi estado comenzó a deteriorarse apareciendo vómitos, hemorragias y desvanecimientos, obviamente para ellos mi embarazo no cambiaba su proceder.
Recién el miércoles 13 de Mayo de 1978 me trasladan al edificio principal de "La Cacha", donde me encuentro con otros secuestrados desaparecidos en las mismas condiciones mías, algunos permanecían en cautiverio desde octubre de 1977. También había dos mujeres embarazadas de siete meses ubicadas en la planta baja.
Me alojan en una cueva del piso alto sobre un bastidor con colchoneta y frazada, encapuchada y encadenada durante 107 días hasta mi liberación.
Las condiciones sufridas por todos durante el cautiverio eran vergonzantes, indignas e inhumanas. Permanecíamos encadenasos acostados en el piso o en catres durante todo el dia, desnudos o semidesnudos, encapuchados, sin hablar, sin ver, a merced de los guardias que aburridos se entretenían verdugueando o abusando de alguno de nosotros. Sólo nos levantaban dos veces al día para hace nuestras necesidades. Durante las noches permanecía la luz encendida. El baño semanal era a puertas abiertas y con agua fría, cosa que permitía a los guardias abusar de las mujeres. Algunas noches eramos llevados afuera a interrogatorios y simulacros de fusilamientos. A raíz de los frecuentes "traslados" de detenidos de un campo de concentración a otro, nos enterábamos por aquellos que sobrevivían, de las golpizas de que eran objeto y que en rigor de verdad la mayoría de los "traslados" significaban la muerte por distintos tipos de métodos (fusilamientos, masacres, falsos enfrentamientos, vuelos en donde se los arrojaba al mar, etc).
La tortura psíquica era constante, y la física la realizaban por medio de golpes, picana eléctrica, extracción de uñas y dientes, "submarino" (inmersión de la cabeza en un balde de agua) quemadura, suspensión en ganchos de las paredes, violaciones y vejámenes de todo tipo.
La alimentación era mate cocido y pan de mañana y tarde, guiso de porotos,polenta o sopa como almuerzo y ocasional cena. Durante todo mi secuestro sólo recibí, a pesar de mi embarazo, dos o tres frutas y algún trozo de carne hervida. Durante mi permanencia en cautiverio, tomo conocimiento, por deslices de un guardia del Servicio Penitenciario de la Provincia de Buenos Aires que se hallaba en estado de ebriedad, que el Campo Clandestino de Detención "La Cacha" era la antigua planta transmisora de LS-11 Radio Provincia de Buenos Aires, ubicada a doscientos metros de la cárcel de mujeres de la localidad vecina de Lisandro Olmos.
La comida nos llegaba en ollas del Servicio Penitenciario de la cárcel mencionada, algunos utensilios tenían sello y monograma del Regimiento 7º de Infantería del Ejército Argentino (con asiento en la ciudad de La Plata). Los medicamentos utilizados provenían de la Armada como por ejemplo la "Aspirinaval".
En el período de mayo a agosto, el promedio de secuestrados era de 40 entre el sótano y el piso alto. El período de mayor movimiento de entradas y salidas fue durante el Campeonato Mundial de Fútbol 1978. A partir de julio y agosto se sucedieron bastantes "traslados" hacia otros centros o hacia el denominado "destino final". Los mismos guardias comentaban que se estaba desmantelando "La Cacha". El diá 22 de agosto de 1978 recupero mi libertad. Soy trasladada encapuchada a "La Casita" (pequeño chalet contiguo) donde me dan ropa nueva, comprada para mis ya ocho meses de embarazo. Durante dos horas permaneció mi interrogador, torturador y responsable "Daniel" arengando y dando órdenes sobre mi futuro proceder en libertad (que de hecho constituyó una "libertad vigilada" por varios años). Entre las recomendaciones recibidas, debía , bajo amenaza de muerte, no residir a menos de 60 kilómetros de la ciudad de La Plata, durante un período inferior a diez años, no salir del país, no trabajar en la docencia ni en la profesión, no efectuar declaraciones ni denuncia sobre lo vivido y conocido durante mi sescuestro, no contactarme con persona alguna, salvo los familiares directos. También me obligó con un arma en la cabeza a escribir y firmar una "confesión" de mis supuestos delitos como "subversiva". Luego me introdujeron encapuchada en un automóvil y me liberan a 100m de la Estación Terminal de Omnibus de la Ciudad de La Plata con la indicación de no voltear la vista hacia el vehículo del que descendía. Durante largo tiempo continúan siguiendo mis movimientos y cambios de domicilio, controlándome por teléfono y amenazándome a mí y a toda mi familia, a lo que debía responder en clave por medio de avisos clasificados en un periódico de difusión nacional."
El intento de Boicot extranjero en el mundial
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| NO a la copa del mundo del 78 |
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| Contra la dictadura en Argentina. Boicot a la copa del Mundo del 78. "Sin fútbol entre los campos de concentración" |
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| Portada del diario francés L'Epique "La masacre continúa... El Fútbol" |
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| Estación del subterráneo de París llamada "Argentina", lugar donde los exiliados protestaban. "Erase una vez, la legión" |
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| Comité de Boicot al mundial de Fútbol en Argentina (COBA) "Cuando aplaudís el triunfo de Francia, los aplausos cubren los sonidos de la gente que se tortura" |

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| Publicidad italiana. "Hay que transformar la Copa del Mundo en una tribuna contra el fascismo" Liga por los derechos y liberación de los pueblos |

Cuando Argentina salió campeón...
Cuando Argentina salió Campeón en el Mundial 78, con mis tíos y primos, fuimos al Obelisco a festejar con banderas.
A mi tío, que era sindicalista, le molestaba que estemos tan contentos festejando, porque decía que en el país estaba muriendo gente y que no había nada para festejar.
De hecho, unos meses después estuvo escondido porque los militares lo perseguían. Y tuvo que ir a Ginebra, donde denunció antes los derechos humanos, lo que pasaba en Argentina, fue por eso, que tuvo prohibida la entrada al país.
Después de un tiempo, pudo entrar escondido al país. Yo no entendía nada de lo que pasaba pero sabía que si yo llamaba a la casa de mi tía, tenía que dejar sonar el teléfono 3 veces y cortar, y volver a llamar, y recién ahí me atendía, porque como no había detectores, sabía que esa era la clave de un familiar, ya que había recibido varias amenazas.
Monica J
A mi tío, que era sindicalista, le molestaba que estemos tan contentos festejando, porque decía que en el país estaba muriendo gente y que no había nada para festejar.
De hecho, unos meses después estuvo escondido porque los militares lo perseguían. Y tuvo que ir a Ginebra, donde denunció antes los derechos humanos, lo que pasaba en Argentina, fue por eso, que tuvo prohibida la entrada al país.
Después de un tiempo, pudo entrar escondido al país. Yo no entendía nada de lo que pasaba pero sabía que si yo llamaba a la casa de mi tía, tenía que dejar sonar el teléfono 3 veces y cortar, y volver a llamar, y recién ahí me atendía, porque como no había detectores, sabía que esa era la clave de un familiar, ya que había recibido varias amenazas.
Monica J
La noche de los lápices.
Se conoce como Noche de los lápices al secuestro, la desaparición y tortura, acaecida el 16 de Septiembre de 1976 durante la dictadura conocida como Proceso de Reorganización Nacional en Argentina. Siete jóvenes estudiantes de entre 16 y 18 años de la Escuela Normal N° 3 de la Plata, en su mayoría militantes o ex-militantes de la Unión Estudiantil Secundaria (UES), demandaban el Boleto Escolar Secundario (BES), que había sido suprimido por el gobierno militar. El operativo fue realizado por el Batallón 601 del Servicio de Inteligencia del Ejercito y la Policía de la Provincia de Buenos Aires, dirigida en ese entonces por el general Ramón Camps, que calificó al suceso como lucha contra "el accionar subversivo en las escuelas".A pesar de la noche, los lápices siguen escribiendo...






24 de Marzo de 1976 - Comunicado de las Fuerzas Armadas
Audio oficial del primer Comunicado de las Fuerzas Armadas (24 de marzo de 1976).
Se comunica a la población que, a partir de la fecha, el país se encuentra bajo el control operacional de la Junta de Comandantes Generales de las Fuerzas Armadas. Se recomienda a todos los habitantes el estricto acatamiento de las disposiciones y directivas que emanen de la autoridad militar, de seguridad o policial, así como extremar el cuidado en evitar acciones y actitudes individuales o de grupo que puedan exigir la intervención drástica del personal en operaciones. Firmado: General Jorge Rafael Videla, Almirante Emilio Eduardo Massera y Brigadier Orlando Ramón Agosti.
MEMORIA FÉRTIL, ROJA Y REVOLUCIONARIA
A veces me parece mentira que nuestra memoria sea tan fértil. Es como la tierra negra en donde toda semilla fertiliza rápido. El surco, las semillas separadas pero no tanto, más tierra sobre las semillas y luego riego suave con agua de lluvia.
La memoria fértil de las Madres está basada en el surco que tenemos grabado en nuestro corazón; luego la semilla que está concentrada en todo lo que nuestros hijos hicieron por la revolución; más tarde el riego con su sangre; después nuestras manos acariciando y finalmente nuestras voces gritando o arrullando. La verdad clara conforma la memoria, que nace recta, simple, radicalizada.
En este libro la memoria parece saltar entre las hojas. La memoria fértil y verdadera, a veces duele. Se entierra en otros cuerpos que sólo se interesan por la memoria de la muerte, pero qué pasa: esta otra memoria tiene fin. En cambio, la que se profundiza desde la sangre a través de la vida, como la semilla que germina, nace, crece y florece. Los sueños y esperanzas revolucionarios que con fuerza se agarran a la tierra con raíces poderosas y grandes, aunque se desvanezcan en el invierno, volverán a florecer en primavera, como las hojas; se renovarán en miles de capullos rojos y revolucionarios, que estallarán llenos de vida, siempre.
Hebe de BonafiniPresidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo24 de marzo de 2005
En este libro la memoria parece saltar entre las hojas. La memoria fértil y verdadera, a veces duele. Se entierra en otros cuerpos que sólo se interesan por la memoria de la muerte, pero qué pasa: esta otra memoria tiene fin. En cambio, la que se profundiza desde la sangre a través de la vida, como la semilla que germina, nace, crece y florece. Los sueños y esperanzas revolucionarios que con fuerza se agarran a la tierra con raíces poderosas y grandes, aunque se desvanezcan en el invierno, volverán a florecer en primavera, como las hojas; se renovarán en miles de capullos rojos y revolucionarios, que estallarán llenos de vida, siempre.
Hebe de BonafiniPresidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo24 de marzo de 2005
martes, 17 de mayo de 2016
Entrevista a Walter Figueroa
Etiquetas:
Argentina,
Dictadura,
Entrevista,
L'Origine Records,
Relatos
Ubicación:
Buenos Aires, CABA, Argentina
lunes, 16 de mayo de 2016
sábado, 14 de mayo de 2016
Entrevista a Beatriz Medina
En la madrugada del 22 de agosto de 1976, en la capital tucumana, miembros del ejército argentino con pasamontañas y armas de fuego irrumpieron en el domicilio de Beatriz rompiendo y revolviendo gran parte de sus pertenencias. Beatriz una embarazada de 37 semanas en ese momento vivía con su esposo Rubén.
Los militares quienes no se identificaron en ningún momento, torturaron durante 5 horas a esta pareja incitándolos a que se hicieran pasar por "Tito y Liliana" una pareja de subversivos que fueron denunciados de manera anónima por un vecino. Estas personas golpearon toda la noche con culatazos la panza de Beatriz y a Rubén con culatazos en su cabeza.
Cuando Beatriz se dirigía a buscar en un ropero los documentos para demostrar que ellos no eran quienes buscaban, ella fue golpeada de manera aberrante y con insultos al estilo de "negra hija de puta no hagas nada porque si queremos te bajamos"
Luego de golpes e insultos de todo tipo los militares tomaron todo lo que se encontraba en su heladera.
Beatriz los "enfrentó" aludiendo: "Si ustedes se ganan méritos matándome, matenme, pero yo no soy esa persona a la que ustedes buscan. Yo no voy a hacerme pasar por otra persona"
Otros militares estaban apostados en su casa, todos apuntando sus armas a la puerta de la casa por si "Tito y Liliana" se escapaban.
Luego de 5 horas, cuando los militares revolvieron todo y se convencieron de que esta pareja no era la pareja a la que buscaban, los militares se retiraron de su vivienda, encandilando con reflectores la salida de la casa para que no vean a ninguno de los que estaban allí.
Luego de una semana cuando su hija Carina nació el 1º de septiembre, estos militares encontraron a 3 cuadras a los verdaderos "subversivos" y los asesinaron.
Los militares quienes no se identificaron en ningún momento, torturaron durante 5 horas a esta pareja incitándolos a que se hicieran pasar por "Tito y Liliana" una pareja de subversivos que fueron denunciados de manera anónima por un vecino. Estas personas golpearon toda la noche con culatazos la panza de Beatriz y a Rubén con culatazos en su cabeza.
Cuando Beatriz se dirigía a buscar en un ropero los documentos para demostrar que ellos no eran quienes buscaban, ella fue golpeada de manera aberrante y con insultos al estilo de "negra hija de puta no hagas nada porque si queremos te bajamos"
Luego de golpes e insultos de todo tipo los militares tomaron todo lo que se encontraba en su heladera.
Beatriz los "enfrentó" aludiendo: "Si ustedes se ganan méritos matándome, matenme, pero yo no soy esa persona a la que ustedes buscan. Yo no voy a hacerme pasar por otra persona"
Otros militares estaban apostados en su casa, todos apuntando sus armas a la puerta de la casa por si "Tito y Liliana" se escapaban.
Luego de 5 horas, cuando los militares revolvieron todo y se convencieron de que esta pareja no era la pareja a la que buscaban, los militares se retiraron de su vivienda, encandilando con reflectores la salida de la casa para que no vean a ninguno de los que estaban allí.
Luego de una semana cuando su hija Carina nació el 1º de septiembre, estos militares encontraron a 3 cuadras a los verdaderos "subversivos" y los asesinaron.
miércoles, 4 de mayo de 2016
Historia de un avión secuestrado que volaba a Salta
En la madrugada del sábado 20 de octubre de 1973, partió del aeroparque con destino a Salta, un Boeing 737 de Aerolíneas Argentinas. Previa escala en Sauce Viejo (Santa Fe), el vuelo debía arribar a El Aybal a las 8.20 de la mañana.
Pero eso no sucedió. A poco de salir, el avión fue copado por personas que dijeron ser “Tupamaros”.
Lo primero que hicieron fue impedir que la máquina hiciera escala en Sauce Viejo (Santa Fe) pero, en cambio, exigieron que aterrizara en Tucumán, en el aeropuerto “Benjamín Matienzo”.
La intención era cargar combustible para volar hasta Cuba.
Ya en tierra tucumana la recarga no se pudo concretar por la negativa de las autoridades aeroportuarias.
Ello hizo que el avión buscara en Salta el combustible necesario, pero aquí también encontró las mangueras cruzadas.
Para los madrugadores, el vuelo lento y a baja altura del Boeing sobre la ciudad, llamó la atención pero nadie imaginó lo que realmente estaba ocurriendo a bordo. Pasada las nueve y media de la mañana, el diario El Tribuno anunciaba: “Un Boeing 737 de Aerolíneas Argentinas que volaba de Bs. As. a Salta con 52 personas, fue desviado a Cuba por piratas aéreos. El avión se encuentra desde las 9.30 en el aeropuerto Campo Grande de Yacuiba, Bolivia.”
Como es de imaginar, la noticia se esparció rápidamente.
Las oficinas de El Tribuno y de Aerolíneas Argentinas se abarrotaron de gente que quería conocer la nómina de pasajeros, lista que oficialmente se conoció a las 10 de la mañana.
En Yacuiba
El avión secuestrado aterrizó en Campo Grande, Yacuiba, y se detuvo en medio de la pista de tierra, lejos del precario edificio del aeródromo.
El primer contacto de los secuestradores con la torre de control fue para exigir un avión más pequeño para seguir viaje a Cuba y, además, máximas garantías para transbordar 20 rehenes que pensaban llevarse. Los bolivianos se llamaron a silencio y, dos horas después respondieron: “Aquí no tenemos aviones a mano”.
Los piratas insistieron, esta vez exigiendo nafta para el Boeing. Y la repuesta fue: “tampoco hay esto por aquí”.
A las 11 y media, cuando 250 soldados armados del regimiento “Aroma” de Yacuiba, se aprestaban a tomar por la fuerza la nave, una comunicación del presidente Banzer que se había contactado con Perón, suspendió el asalto, lo que hubiese resultado una verdadera carnicería. Momentos después, los “tupas” ordenaron hacer arrancar cada tanto una turbina para enfriar la cabina y recargar las baterías.
El tiempo transcurría y el sol y la temperatura eran cada vez más elevada y agobiantes para rehenes y secuestradores, mientras periodistas y curiosos seguían los acontecimientos desde unos 200 metros de distancia. Al mediodía, cuando el avión era un infierno, un grupo de periodistas se ofreció, a cambio de liberar mujeres y niños, pero los militares rechazaron la propuesta.
Cuando a las 4 de la tarde la temperatura ambiente superaba los 45º, las puertas del avión se abrieron. Por un momento se pensó que todo había concluido pero no: solo era para ventilar el avión.
A poco, su comandante comunicó a la torre de control que la comida y el agua se estaban agotando; pero nuevamente el silencio fue la respuesta.
El momento en que encontraron un pez gordo
A las ocho de la noche, y a casi 12 horas del secuestro, los “tupas” se enteraron de que en el pasaje había un “pez gordo”.
Esto los puso más nerviosos, pues sabían que, tanto gremialistas como políticos argentinos, siempre viajaban con custodios, tan o más “pesados” que ellos, que sólo portaban armas de calibre 22.
Finalmente, Adolfo Medina, miembro del Consejo Superior Justicialista, se identificó y les solicitó que autorizaran a su secretario Carlos Alvarez, para que hablara con los militares en tierra.
Accedieron dócilmente y cuando el hombre bajó del avión, de inmediato fue detenido.
Los “tupas”, con el afán de liberarse de Medina y su temida guardia, ordenaron, casi a las 9 de la noche, su descenso y de 20 pasajeros más que seleccionaron por considerarlos peligros.
Al bajar todos fueron detenidos y, luego de declarar, llevados hasta Salvador Mazza.
Así culminó el primer día del secuestro.
Esa noche quedaron en el avión 32 rehenes.
Domingo 21 de octubre
El domingo fue otra jornada de tensión, nervios y calor. Recién a las 7 de la tarde hubo algo de alivio cuando los “tupas” liberaron a 14 personas más, quedando en la nave los 4 secuestradores y 12 rehenes.
Finalmente, el lunes a las 2 de la tarde, luego de que las cancillerías de ambos países se hicieran cargo de las negociaciones, se produjo la liberación del resto.
Por orden de Banzer los secuestradores fueron embarcados en un avión que los llevó a La Paz con el compromiso de hacerlos volar a La Habana..,
Pero eso no sucedió. A poco de salir, el avión fue copado por personas que dijeron ser “Tupamaros”.
Lo primero que hicieron fue impedir que la máquina hiciera escala en Sauce Viejo (Santa Fe) pero, en cambio, exigieron que aterrizara en Tucumán, en el aeropuerto “Benjamín Matienzo”.
La intención era cargar combustible para volar hasta Cuba.
Ya en tierra tucumana la recarga no se pudo concretar por la negativa de las autoridades aeroportuarias.
Ello hizo que el avión buscara en Salta el combustible necesario, pero aquí también encontró las mangueras cruzadas.
Para los madrugadores, el vuelo lento y a baja altura del Boeing sobre la ciudad, llamó la atención pero nadie imaginó lo que realmente estaba ocurriendo a bordo. Pasada las nueve y media de la mañana, el diario El Tribuno anunciaba: “Un Boeing 737 de Aerolíneas Argentinas que volaba de Bs. As. a Salta con 52 personas, fue desviado a Cuba por piratas aéreos. El avión se encuentra desde las 9.30 en el aeropuerto Campo Grande de Yacuiba, Bolivia.”
Como es de imaginar, la noticia se esparció rápidamente.
Las oficinas de El Tribuno y de Aerolíneas Argentinas se abarrotaron de gente que quería conocer la nómina de pasajeros, lista que oficialmente se conoció a las 10 de la mañana.
En Yacuiba
El avión secuestrado aterrizó en Campo Grande, Yacuiba, y se detuvo en medio de la pista de tierra, lejos del precario edificio del aeródromo.
El primer contacto de los secuestradores con la torre de control fue para exigir un avión más pequeño para seguir viaje a Cuba y, además, máximas garantías para transbordar 20 rehenes que pensaban llevarse. Los bolivianos se llamaron a silencio y, dos horas después respondieron: “Aquí no tenemos aviones a mano”.
Los piratas insistieron, esta vez exigiendo nafta para el Boeing. Y la repuesta fue: “tampoco hay esto por aquí”.
A las 11 y media, cuando 250 soldados armados del regimiento “Aroma” de Yacuiba, se aprestaban a tomar por la fuerza la nave, una comunicación del presidente Banzer que se había contactado con Perón, suspendió el asalto, lo que hubiese resultado una verdadera carnicería. Momentos después, los “tupas” ordenaron hacer arrancar cada tanto una turbina para enfriar la cabina y recargar las baterías.
El tiempo transcurría y el sol y la temperatura eran cada vez más elevada y agobiantes para rehenes y secuestradores, mientras periodistas y curiosos seguían los acontecimientos desde unos 200 metros de distancia. Al mediodía, cuando el avión era un infierno, un grupo de periodistas se ofreció, a cambio de liberar mujeres y niños, pero los militares rechazaron la propuesta.
Cuando a las 4 de la tarde la temperatura ambiente superaba los 45º, las puertas del avión se abrieron. Por un momento se pensó que todo había concluido pero no: solo era para ventilar el avión.
A poco, su comandante comunicó a la torre de control que la comida y el agua se estaban agotando; pero nuevamente el silencio fue la respuesta.
El momento en que encontraron un pez gordo
A las ocho de la noche, y a casi 12 horas del secuestro, los “tupas” se enteraron de que en el pasaje había un “pez gordo”.
Esto los puso más nerviosos, pues sabían que, tanto gremialistas como políticos argentinos, siempre viajaban con custodios, tan o más “pesados” que ellos, que sólo portaban armas de calibre 22.
Finalmente, Adolfo Medina, miembro del Consejo Superior Justicialista, se identificó y les solicitó que autorizaran a su secretario Carlos Alvarez, para que hablara con los militares en tierra.
Accedieron dócilmente y cuando el hombre bajó del avión, de inmediato fue detenido.
Los “tupas”, con el afán de liberarse de Medina y su temida guardia, ordenaron, casi a las 9 de la noche, su descenso y de 20 pasajeros más que seleccionaron por considerarlos peligros.
Al bajar todos fueron detenidos y, luego de declarar, llevados hasta Salvador Mazza.
Así culminó el primer día del secuestro.
Esa noche quedaron en el avión 32 rehenes.
Domingo 21 de octubre
El domingo fue otra jornada de tensión, nervios y calor. Recién a las 7 de la tarde hubo algo de alivio cuando los “tupas” liberaron a 14 personas más, quedando en la nave los 4 secuestradores y 12 rehenes.
Finalmente, el lunes a las 2 de la tarde, luego de que las cancillerías de ambos países se hicieran cargo de las negociaciones, se produjo la liberación del resto.
Por orden de Banzer los secuestradores fueron embarcados en un avión que los llevó a La Paz con el compromiso de hacerlos volar a La Habana..,
lunes, 2 de mayo de 2016
Situación social, política y económica previa al golpe de estado.
Desde 1969, la movilización popular no sólo había jaqueado al régimen militar sino desafiado de distintas maneras el orden establecido. Sin embargo, a pesar de la alta movilización por el conflicto social, los partidos políticos no se encontraban en condiciones de encauzar el enfrentamiento. En este marco, un conjunto de organizaciones armadas se instaló en el movimiento popular que creció en barrios, universidades, fábricas e iglesias. De los varios "ejércitos" que operaron, realizando acciones militares espectaculares que eran miradas con simpatía por buena parte de la población, los que mejor lograron arraigar en el movimiento popular fueron los Montoneros. Se trataba de un grupo de origen nacionalista y católico al que pronto se sumaron sectores provenientes de la izquierda. Estos combinaban la acción clandestina con la actividad político partidaria principalmente a través de la Juventud Peronista. Otras de las más importantes organizaciones guerrilleras, el ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo), desconfiaba del peronismo y realizaba críticas profundas a la sociedad argentina de la época y proponía, mas que una liberación nacional, una lucha latinoamericana contra el imperialismo. Se nutrían de las ideas trotskistas y guevaristas. Su presencia en el movimiento popular fue menor que la de los Montoneros.
El retorno de Perón a la presidencia se produjo luego de una serie de complejas peripecias. El presidente Lanusse fracasó en imponer su propia candidatura, pero logró proscribir al líder exiliado, quien entonces designó como candidato vicario a Héctor Cámpora. Éste, que manifestaba una incondicional solidaridad con el líder, suscitó a la vez fuertes simpatías entre los sectores juveniles y radicalizados del peronismo. Los jóvenes dieron el tono a la agitada campaña electoral que culminó con el triunfo electoral del peronismo. Las nuevas autoridades asumieron el 25 de mayo de 1973. Después de dieciocho años, la voluntad popular podía consagrar, con plena libertad, un gobierno constitucional que expresaba, a la vez, el deseo impreciso pero imperioso de transformaciones profundas.
En el mes siguiente retorna Perón y en septiembre se vuelve a convocar a elecciones en las que Perón recibe el 60 por ciento de los votos. Fueron los sectores juveniles quienes rodearon al presidente Cámpora y ocuparon importantes posiciones de poder hasta que Perón lo abandona debido a su inclinación hacia las organizaciones e ideas de izquierda. Esto culminó en una verdadera batalla campal el 20 de junio de 1973, día en que Perón volvía definitivamente al país, cuando una inmensa multitud se había congregado en Ezeiza para recibirlo y ambos sectores protagonizaron un enfrentamiento que dejó muchos muertos.
El conflicto interno del peronismo se desplegó con toda su fuerza. Frente a quienes proclamaban la bandera de la patria socialista, otro sector levantaba la de la "patria peronista", con posiciones tradicionales decididamente adversas a las ideas de izquierda. Ambos sectores compitieron por el poder y por el control de las movilizaciones callejeras, y a ambos recurrieron a la violencia, al terrorismo y al asesinato. Fue claro que Perón, quien en su anterior lucha contra los militares había respaldado a los jóvenes, ahora repudiaba su accionar, sus consignas y propósitos, se inclinaba por los sectores mas tradicionales del partido y se ocupaba de desalojar a los sectores juveniles peronistas de posiciones de poder. El momento culminante de esta situación fue el 1º de mayo de 1974 cuando Perón llama a la juventud peronista y a los Montoneros "imberbes y estúpidos" y los echa de la Plaza de Mayo. De esta manera se hizo pública la fractura del peronismo.
Los partidos de oposición, empeñados en apoyar al gobierno constitucional, no interfirieron ni en este conflicto, ni en el otro, mas sordo, de Perón con los sindicatos.
En este marco de fuertes divisiones, el 1º de julio muere Juan Domingo Perón, reemplazándola en la presidencia su esposa Isabel, quien no tenía ni la misma capacidad ni similar autoridad, y los conflictos se hicieron más agudos. Además ejerció su gobierno cercada por la figura de José López Rega, extraño personaje de ideas y prácticas nacionalistas, esotéricas y violentas, quien se sindicaba como el poder oculto del gobierno y organizó grupos clandestinos dedicados a asesinar dirigentes opositores, muchos de los cuales eran activistas sindicales e intelectuales disidentes, no enrolados en las organizaciones guerrilleras. Montoneros respondió de la misma manera, de modo que la violencia creció de manera irrefrenable.
La crisis petrolera de 1973 afectó a la Argentina por el incremento de los precios de los bienes importados. Las reservas se agotaron y la balanza de pagos registró un enorme déficit. También, frente a una inflación agudizada, el gobierno se lanzó a un drástico plan de ajuste económico, que incluyó una fortísima devaluación y aumento de tarifas públicas conocido como "rodrigazo", en alusión al ministro de economía Celestino Rodrigo, acólito de López Rega. Los sindicalistas respondieron enfrentando con energía al gobierno y lograron un aumento similar, con lo que los efectos esperados del "rodrigazo" se perdieron, pero la economía entró en una situación de elevada inflación y descontrol. Se produjo la primera huelga general durante un gobierno peronista que logró alejar a López Rega del gobierno.
Mientras tanto la violencia llegó a su máxima expresión. En septiembre de 1974 Montoneros secuestra a Juan y Jorge Born logrando el increíble rescate de 60 millones de dólares, mayor botín obtenido en el mundo por un secuestro. Por otro lado el ERP logró por entonces asentarse en un sector de la provincia de Tucumán, donde anunció la constitución de una "zona liberada", y el Ejército inició una operación formal para desalojarlo. También se incrementó la violencia de derecha. La triple A, Alianza Anticomunista Argentina, asesinó a adversarios a un ritmo acelerado. Además, desde 1975 las fuerzas armadas organizaban unidades operativas clandestinas que pronto superaron a sus enemigos e impusieron una represión indiscriminada y sin freno. Era evidente que el gobierno civil había perdido el dominio de la situación. Un intento de encontrar una salida dentro del orden constitucional (la renuncia de la presidente y su reemplazo por el presidente del Senado, Luder) fracasó.
Poco después, la crisis económica y política combinadas creaban las condiciones para que las Fuerzas Armadas depusieran y arrestaran a la presidenta Isabel Perón y se hicieran cargo del poder el 24 de marzo de 1976, sin oposición y hasta con el aliviado consentimiento de la mayoría de la población, en un clásico escenario latinoamericano de violencia y crisis económica.
Rosariazo
Un grupo de estudiantes, perseguidos por la policía, corre por la calle Corrientes hacia el sur y dobla por Córdoba, desde Entre Ríos aparecen más policías disparando sus armas. Los estudiantes y decenas de sorprendidos transeúntes quedan encerrados...
Algunos estudiantes junto a una docena de paseantes -incluidos varios niños- ingresan a la Galería Melipal. El lugar tiene una sola boca de entrada y salida, por lo que otra vez quedan atrapados a merced de los guardias.
Los agentes ingresan al edificio y reanudan la golpiza. Entre los policías se encuentra el oficial inspector Juan Agustín Lezcano, un ex empleado de la boite Franz y Fritz. La gente trata de evitar como puede la lluvia de golpes: se escuchan súplicas, llantos y alaridos. En medio de la confusión suena un disparo. Cuando la policía se repliega queda en el suelo, junto a la escalera que lleva a los pisos superiores, el cuerpo de Adolfo Bello con la cara ensangrentada.
Reynaldo Sietecase
Cordobazo
El primer muerto, como todas las crónicas lo dicen, fue el obrero Máximo Mena que cayó por una bala policial en San Juan y Arturo M. Bas. El segundo fue un hombre mayor en la zona de Tribunales al que sorprendió la represión y murió de un paro cardíaco. El tercero fue un turista curioso al que le disparó un policía en la recova del hotel Sussex, en San Jerónimo y Buenos Aires, y murió en el Hospital San Roque. Y el cuarto fue un estudiante del interior de la provincia, a quien baleó el Ejército a la noche en el barrio Clínicas mientras actuaba de francotirador. Hubo unos 170 heridos, más de 300 detenidos y daños incalculables en ese momento... No hallamos evidencias de otros muertos a causa del Cordobazo.
"Comencé la facultad en el '74..."
Uno de esos días de facu me preparaba para ir a estudiar, la verdad que ir hasta allá se me hacía pesado, hora y media de bondi, pero el que quiere celeste que le cueste.
Era hora de salir, sí, de la facu, ya había terminado la clase pero al salir me encuentro con las puertas de la cátedra cerrada, sin saber qué hacer me preguntaba: ¿ Por qué están cerradas?. El miedo comenzaba a rondar alrededor de mi cabeza. Cuando decidí retirarme, observé que la facultad estaba tomada y yo adentro con todas las puertas principales cerradas .
Un grupo, medio extraño, me manda con todos los demás compañeros a una aula, sí, al aula magna. Había estado sentada 1 hora intercambiando opiniones con los demás pero los nervios me subían cada vez más, claro si ni sabía lo que estaba pasando, quise irme pero no me lo permitían, mi insistencia incomodó a estos y pude, mejor dicho, me dejaron salir dejándole algunas pertenencias a un amigo.
Cuando salí, caminando por la calle Junín hacia la Avenida Córdoba veo hacia atrás un grupo de personas arriba de caballos. Sí, caballos con personas arriba rodeando la manzana de la facu lanzando gases lacrimógenos a un lado y a otro, no sabía si eran policías o militares.
Afortunadamente, más que afortunada, fue un milagro salir de allí.
En lo sucesivo cuando estaba las cátedras sin profesores nos retirábamos inmediatamente. Lo que recuerdo con tristeza fue la pérdida de compañeros que lucharon contra el autoritarismo.Todo cambió al año siguiente con la perdida de la democracia"
Eugenia.
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