En 1978, el nivel de información sobre el terrorismo de Estado era "bastante bueno". Los militantes exiliados, los familiares, abogados y activistas de los derechos humanos, como Gustavo Roca por ejemplo, aseguraban la comunicación entre América y Europa; sólo faltaba un medio para que se difundiera en el gran público, tanto en Argentina como en el exterior.
François Gèze, un joven ingeniero francés decidió armar una campaña para decir que Francia no tenía que ir a Buenos Aires para el Mundial" . El comité sumaba unas 40 personas que vinieron todas de forma independiente. Pronto, se crearon 200 comités más en toda Francia.
La campaña de boicot -"sin celular, ni internet" en aquella época- se extendió en los medios y a través de carteles, boletines, grabaciones musicales y documentos fílmicos. Personalidades del ámbito de la cultura, como Yves Montand, apoyaron la movida mientras que el mundo deportivo rechazó el boicot. "Muchos no querían saber nada"
L'Équipe, el diario especializado más leído de Francia, apoyó por "razones deportivas" la realización del Mundial.
Si bien el tema era la Argentina, la campaña estuvo hecha por y para europeos. En 1978, unos treinta años después del Holocausto judío, la temática de los campos de concentración impactaba fuertemente al público desde los carteles. "La dictadura argentina era denunciada como "fascista"; Videla era asimilado a Hitler"
"Evidentemente, estos tópicos discursivos formaban parte del imaginario europeo para el cual el fascismo y el nazismo eran marcos de referencia obligados del autoritarismo y la violencia y por tanto movilizadores fáciles y efectivos en una campaña de este tipo"
"Fue una cosa increíble", recuerda Gèze, en relación al efecto de la campaña. Porque aunque la selección francesa fue de todos modos a competir por la Copa en Argentina, el impacto en la opinión pública creó un precedente. Al año siguiente, en 1979, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) visitó Argentina tras tres años de recibir "avalanchas de reclamos" por parte de las víctimas y familiares de desaparecidos y presos políticos.
Si bien no se pudo lograr ninguna acción de justicia inmediata como consecuencia de la visita, los documentos y testimonios recogidos fueron material, años después, para el Nunca Más.
La Junta, que pensaba legitimarse con el Mundial y mostrar una buena imagen, tuvo que contestar el "ataque" que calificaba de "campaña antiargentina". En 1979, el ministro del Interior, general Albano Harguindeguy, ordenó imprimir 250.000 calcomanías autoadhesivas, en dos tamaños, con el lema "Los argentinos somos derechos y humanos". La etiqueta se pegaba en los autos que circulaban por las calles de Argentina, como rechazo de las acusaciones de violación de los derechos humanos.
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